Twitter también quiere ser un periódico

Twitter avanza en su conversión en medio de comunicación. La red social está incluyendo en las cuentas de sus usuarios una pestaña a la que ha puesto el nombre de Moments en la que hace una selección de los contenidos que son tendencia, agrupándolos en cinco secciones. Hoy, Noticias, Deportes, Entretenimiento y Diversión. Twitter elige los contenidos, los clasifica, los jerarquiza y los muestra al público en una misma página. O sea, que ha montado una página web de noticias en la que ahorra al usuario la necesidad de elegir los contenidos que más le interesa seguir mediante la selección de las historias que saldrán en esta nueva pestaña.

En realidad, se trata de un proceso natural en una sociedad que ha desplazado su centro de atención de los grandes medios de comunicación a las grandes redes sociales. Quien quiere ver fotos usa Instagram; quien quiere ver fotos, cotillear un poco y picotear algunas informaciones, se va a Facebook; y quien quiere estar al día de lo ocurre en el mundo, estar en los debates de actualidad, conversar, discutir y comentar sobre la marcha noticias políticas, partidos de fútbol o programas de televisión o cualquier otro asunto variopinto, se hace con una cuenta de Twitter.

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Twitter. Fuente: El Universal

Os cuento mi propio caso: yo vivo en Twitter. No participo en exceso (12.400 tuits en siete años), pero desde primera hora de la mañana me paso la jornada repasando lo que ocurre gracias a la gente a la que sigo en esta cuenta, gente a la que, además, tengo clasificada y repartida en listas que utilizo para no perderme detalle de aquellos asuntos que me interesan con mayor atención (política, periodismo, fútbol…).

Twitter es como la gran agencia de noticias del mundo. Y gratuita. Con un modelo de negocio que todavía no ha logrado arrancar, pero con el extraordinario potencial de comunicación que le proporciona el haberse convertido en la agencia de noticias de última hora más importante de la historia. Y parece que ha asumido que se ha convertido en un periódico de alcance global como lo pueda ser cualquier otro gran diario o, por ejemplo, el mismo Facebook.

¿Que cómo afecta a los periódicos de papel y al resto de los medios de comunicación? Bueno, basta con hacer un simple cálculo  personal: pensad cuánto tiempo le dedicábais antes al día a leer, ver o escuchar medios y cuánto tiempo destináis ahora a informaros a través de esos mismos medios tradicionales. Sí, casi todo ese tiempo se invierte ahora en navegar y en alguna red social. Allí es donde están los lectores. Y allí es hacia donde deben dirigirse las marcas periodísticas. Y si es antes de que Twitter o Facebook terminen comiéndoles todo el negocio publicitario, mejor.

El odio enfermizo al periodismo del nuevo ‘Mister tuit’

CNN.com

A Trump no sólo no le gustan los periodistas, sino que parece haber decretado una orden de alejamiento que les impide acercarse a él. Los quiere cuanto más lejos mejor. Ya ha demostrado que se puede ganar en las elecciones presidenciales despreciando a los medios. Y ahora está empeñado en demostrar que se puede gobernar sin comparecer ante ellos y tratándolos como a enemigos del pueblo soberano.

Han pasado más de dos meses desde que los estadounidenses le eligiesen como presidente del país más poderoso del planeta y el nuevo inquilino de la Casa Blanca sigue sin dar ruedas de prensa ni entrevistas. Si quitamos las que concedió a las pocas horas de su victoria, el balance es cero. Nada de nada. Como si los medios estadounidenses de referencia no existiesen. Y los periodistas, menos todavía.

Dos factores juegan a favor de Trump: el primero es que su desprecio por la prensa es compartido por muchos que ven a los medios de comunicación como otros representantes de ese sistema tradicional, el stablishment, que ellos rechazan con ahínco por considerarlo la fuente de todos sus males. Y el segundo es que ahora tiene alternativas para comunicarse con los ciudadanos que antes no existían: las redes sociales. Y está más que dispuesto a emplearlas.

Trump lo sabe bien. Y por eso se ha convertido en mister Tuit, el nuevo rey Midas de Twitter. El millonario que ha ganado las elecciones bramando contra todo y casi todos ha convertido esta red social en su oráculo personal, en un inmenso megáfono desde el que suelta sus comentarios a golpe de tuit.

Le da igual el asunto: lo mismo desvela las intenciones de la nueva Casa Blanca sobre la política de armamento nuclear de los Estados Unidos que sale al paso de los ataques más que justificados de Meryl Streep en la entrega de los Globos de oro. Todo se puede comunicar en 140 caracteres. Y encima sin tener que responder a las preguntas supuestamente insidiosas de los periodistas. El paraíso para cualquier político con pocas ganas de responder a la prensa crítica.

 

Se puede suponer que cuando sea designado presidente, Trump deberá comparecer ante los medios, pero esto no deja de ser una suposición. La tentación de seguir dirigiéndose a los norteamericanos sólo desde su teléfono móvil a través de Twitter o retransmitiendo mensajes televisados para todo el mundo desde la web oficial de la Casa Blanca está ahí. Y no es para nada descartable. Trump está dispuesto a ir a la guerra contra los medios tradicionales. Y su primera intención es ningunearlos. ¿Lo conseguirá? A mi juicio, no sólo no lo va a lograr, sino que los va a terminar fortaleciendo. Y como muestra, mirad lo que ha pasado con los medios a los que ha atacado con saña, como el New York Times o el Vanity Fair, que han visto cómo aumentaban sus suscripciones gracias a los ataques del inminente presidente.

La relación de Trump con los medios promete ser huracanada, pero quién sabe, igual se trata de huracanes con efecto boomerang. Al tiempo.

P.D. El vídeo de Meryl Streep en el que ataca a Trump y defiende los valores del periodismo para hacer frente a los excesos del nuevo presidente norteamericano es literalmente imprescindible. Echadle un vistazo y lo comprobaréis. Fantástico.

Y segunda P.D: Trump ha dado por fin una rueda de prensa. Y sólo puede aventurarse una conclusión: si alguien pensaba que iba a moderar su discurso, ya puede ir despertándose del sueño. Se ha mostrado tan zafio, histérico, conspiranoico y maleducado como siempre. Y ha seguido atacando a la prensa como si fuese la reencarnación americana de Jesús Gil. Un santísimo desastre que se va a sentar en el sillón más poderoso de la tierra en muy pocos días.

El EGM, las audiencias de los periódicos y la mudanza digital

Se podrían analizar muchas cosas sobre el estudio general que mide la audiencia de los medios de comunicación en España, el EGM. Utiliza criterios discutidos en el seno de la industria del periodismo, pero es el medidor que usan las agencias, las empresas y las instituciones para colocar la publicidad en los soportes informativos. Y mientras siga siendo así, el EGM será la biblia de este negocio para los periódicos impresos y las radios.

Hoy, que se han publicado los datos de la última oleada de audiencias, me quería detener en un aspecto llamativo. Algunos portales se han apoyado en ellos para certificar el desplome de los grandes periódicos de este país, haciendo hincapié en las pérdidas de lectores de sus ediciones impresas por encima de los dos dígitos en casos tan señalados como los de El País y El Mundo.

Los números no son nada sorprendentes en un contexto de abandono masivo del papel como elemento transmisor y distribuidor de las noticias (¿de verdad alguien se va a extrañar en la era de los móviles, las pantallas planas y las redes sociales), pero sí que hay que ponerlos en cuarentena en todo lo que supone de certificado del presunto desplome de las grandes cabeceras.

No, las audiencias de las grandes marcas periodísticas no están desapareciendo. Lo que están haciendo es trasladarse al digital.Y si algo se desploma no son las marcas, sino un modelo de distribución industrial que hunde sus raíces no en el siglo XX, sino incluso en el anterior. Nada más.

Voy a poner simplemente el ejemplo de El País y El Mundo. Leemos que el principal diario de Prisa ha perdido en un año el 16,2% de sus seguidores hasta quedarse en 1,2 millones de lectores y que el de Unidad Editorial ha bajado un 15,5% y se sitúa en la frontera de los 700.000.

Los datos no son discutibles, pero no dan una idea exacta de la importancia de las marcas si no les sumamos sus audiencias digitales. Aquí también hay mucho vaivén de cifras, pero me quedaré con la polémica que desataron los últimos datos de Comscore.

En noviembre El Mundo y El País se enzarzaban en una pelea pública por ver quién era de verdad el líder de medios en este país.El primero decía ser el líder con 14 millones de usuarios en octubre y el segundo reclamaba ese liderazgo afimando tener 15 millones.

La discusión nos dice mucho sobre el gran camino que aún queda por recorrer para medir de forma correcta las audiencias digitales, pero en este caso las cifras sí que nos sirven para medir el alcance real de estos medios. Ni El País tiene sólo 1,2 millones de lectores ni El Mundo tienen 700.000. En todo caso, tendrán unos 15 millones de lectores. O al menos eso es lo que yo defendería si trabajara en esos medios y tuviera que convencer a los anunciantes de que apostara por mis productos.

Las grandes cabeceras ya son mucho más que sus ediciones de papel. Pero hace falta que se lo crean ellas mismas: que salgan de sus zonas de confort y que defiendan más sus ofertas digitales.

No hace mucho, leía un artículo en el que Michael Golden, vicepresidente del The New York Times, decía que ellos no eran un periódico con una página web, sino una compañía digital de medios de comunicación que saca un diario. Igual hace falta que aquí, en España, los grandes medios se den cuenta también de que no son periódicos, sino compañías digitales de noticias que, no se sabe por cuánto tiempo, todavía sacan un diario a diario.

Los periodistas ante la ‘tormenta perfecta’

Tormenta. Fuente: Pixabay

Los periodistas nos hemos acostumbrado tanto a que nos digan que vivimos en una tormenta perfecta que hemos terminado por no inmutarnos cuando nos avisan de que el huracán que acaba de aparecer en nuestro rádar amenaza con pegarnos todavía más fuerte.

He pensado en esto leyendo un artículo muy recomendable de Miguel Ormaetxea en Cuadernos de periodistas en el que se hace eco de la inminente llegada de una nueva crisis de “destrucción creativa” que amenaza con llevarse por delante, una vez más, una parte nada despreciable de los empleos de la industria del periodismo.

Si lo leéis y sois periodistas, podéis llegar a preguntaros legítimamente si esta crisis que ha reventado la industria tiene fecha de caducidad o si, por el contrario, no se trata de una crisis sino de un estado de cambio constante y permanente que no va a parar por mucho que protestemos y nos desgarremos las camisas como plañideras andantes.

Os resumo las principales causas que nos conducen de cabeza a otro nuevo valle de lágrimas: El uso creciente de los bloqueadores de publicidad, la competencia de los motores de búsqueda y las redes sociales, el rechazo de la publicidad tradicional por parte de los lectores y, por último, una alocada carrera por la audiencia que ha terminado por convertir muchos productos informativos en comida rápida y barata que apenas tiene valor. Y todo esto para un mercado en el que cada vez hay más actores dispuestos a reclamar su porción de ingresos y en el que, precisamente, cada vez hay menos dinero que repartir.

Uff, suena terrible, pero tenemos dos opciones: llorar por lo que nos está pasando (no os perdáis las referencias a la tesis de un par de profesores de la Universidad de Tejas que defienden que la prensa se ha equivocado en su estrategia de transformación digital) o aplicar el principio de realidad y dedicarnos a buscar modelos de negocio que esquiven estos peligros y sepan encontrar vías de ingresos para las arcas de los medios.

No se trata de una cuestión anecdótica. En realidad, representa los dos modos de entender cómo abordamos la mayor transformación que han vivido los medios desde que un tipo que se llamó Gutenberg inventó una máquina a la que llamó la imprenta.

O bien nos dedicamos a glosar con  nostalgia y aflicción todo lo que nos equivocamos y los peligros que nos acechan (y digo yo que ya estaremos cansados de quejarnos tantísimo) o bien nos ponemos a pensar cómo demonios salimos de la próxima gran ola de la crisis y cómo nos preparamos para superar las siguientes.

O lloramos o nos preparamos y afrontamos la realidad. Toca decidirse.

 

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La web ya no es el macho alfa de la distribución de las noticias

Web informativas

Cada cierto tiempo tiempo leemos en los papeles sobre periodismo que las webs informativas están muertas. Es un poco como lo de la desaparición de las novelas o la de los blogs, a los que hemos matado sin esperar a que dejen de respirar.

Algo de cierto hay, sin embargo: las webs ya no son el centro de la atención informativa y su importancia como casa madre desde la que distribuir las noticias ha ido reduciéndose hasta el punto de que hoy nos podemos preguntar seriamente si las organizaciones informativas pueden seguir dedicándole el tiempo que le dedican.

Las webs no estan muertas. Pero les ha salido un competidor que les obliga a repensar su papel, el de las webs informativas en la era de las redes sociales como Twitter, Facebook o Instagram y de los canales de mensajería instantánea como Whatsapp o Telegram.

Basta que hagáis una prueba nada científica para comprobarlo. Pensad cuánto tiempo dedicáis al día a consumir información. ¿Lo habéis hecho? Pues ahora calculad cuánto tiempo les dedicábais hace tres años a leer las noticias accediendo directamente a las webs de los medios y pensad cuánto tiempo les dedicáis ahora.

En la mayoría de los casos, la respuesta va a ser coincidente: el tiempo que destinábais a navegar por las carpetas del escritorio de vuestro portátil lo dedicáis ahora a rastrear en vuestros teléfonos móviles de última generación el timeline de vuestra cuenta de Twitter y vuestro muro de Facebook y a echarle un vistazo a la noticia que alguien ha colgado en el grupo de whatsap que compartís con los padres del colegio o con los amigos y amigas del gimnasio.

No hay que ‘enterrar’ a las webs, al menos todavía

¿Significa eso que hay que pensar en presentarle el despido procedente a la web? En absoluto. Las webs siguen siendo indispensables para cualquier medio digital, tanto en términos editoriales como de modelo de negocio. Lo que ocurre es que su peso específico se ha reducido de forma drástica.

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Fuente: diario El País

La web, o para ser más exactos la portada de la web, ya no es el macho alfa de la manada periodística. Ese rol le corresponde ahora a cada uno de los artículos y formatos que mandamos a la guerra de la atención en las redes sociales.

Cada artículo se convierte en una portada en sí misma y casi en una web en sí misma.

¿Y qué quiere decir eso? Pues algo tan sencillo como que nos tenemos que preocupar mucho menos por lo que hagamos con nuestras webs y con las portadas de nuestros medios digitales y muchísimo más por la manera en la que presentemos y distribuyamos cada uno de nuestros artículos en esa feria de las vanidades en la que se han convertido las nuevas plazas públicas de las redes sociales.

Es lo que toca.