Bezos, la Super Bowl y el precio de unas cuantas bolsas de plástico

El propietario del The Washington Post, Jeff Bezos, se ha gastado en torno a diez millones de dólares para que los norteamericanos vean en el intermedio de la final de la Súper Bowl un anuncio de este periódico que es, en sí mismo, una reivindicación general de los principios y valores de siempre del periodismo.

Tal vez para el también dueño de Amazon el desembolso de esa decena de millones de dólares suponga para sus bolsillos lo mismo que supone para cualquiera de nosotros los cinco céntimos que pagamos por las bolsas de plástico de los supermercados, pero la acción se agradece igual.

La crisis de fiabilidad que han vivido los medios no termina. Las noticias falsas forman ya parte del paisaje mediático y debilitan aún más a unas empresas periodísticas que, ya de por sí, sufren las consecuencias de un modelo de negocio, el de la publicidad, que se ha hundido ante la fuerza de competidores tan abrasivos como Google y Facebook.

La gran mayoría de los medios se comporta como los cazadores de la prehistoria que salen en busca de nuevos espacios donde encontrar el alimento que necesitan para sobrevivir. Y en esa exploración, piensan en nuevas estrategias que les hagan depender menos de terceros como las plataformas sociales y los motores de búsqueda y que les permitan pensar en proyectos que se sostengan más allá de la publicidad tradicional.

Quien más quien menos, todo el mundo habla en esta industria de la necesidad de convertir a los lectores en suscriptores y en la generación de ingresos en lo que antes era el perímetro del negocio (eventos, contenido publicitario, servicios de agencias de comunicación…), pero para poder virar hacia estas estrategias de negocio, hace falta que la relación entre esos medios y sus potenciales usuarios vaya mucho más allá de los clicks aislados, que sea de verdad una relación entre una marca y el lector que se compromete y forma parte de una comunidad que comparte un medio…y hasta una forma de vivir en sociedad.

El problema es que no basta con hacer productos que respeten los principios y valores del periodismo riguroso y honesto. Lo que se necesita es que haya un número suficiente de ciudadanos que sepan valorar esos productos rigurosos y honestos y que entiendan la necesidad de mojarse para defenderlos y hacerlos sostenibles, es decir, que se comprometan de verdad.

Por eso es tan importante defender y difundir la idea de que el buen periodismo mejora las sociedades a las que presta servicio y las hace más prósperas, más libres y más justas. Y por eso es tan importante que personas como Jeff Bezos sean capaces de gastarse diez millones de dólares por un anuncio que reivindica ese periodismo, que es el de siempre, ante la mayor audiencia televisada del año en los Estados Unidos. Porque nos jugamos mucho. Más incluso de lo que muchos se puedan imaginar. Esto no va de salvar periódicos, radios o televisiones. Va de tener democracias sólidas o de no tenerlas. Bezos lo sabe. Y nosotros, también.

Manual de darwinismo para periodistas

Están disfrutando un eco más que merecido las ideas lanzadas por el director del Washington Post Martin Baron durante la entrega de los premios de periodismo García Márquez en Colombia. Por resumir telegráficamente, el periodista hace hincapié en la necesidad de que los periodistas y las organizaciones de noticias aceptemos la necesidad de adaptarnos a un ecosistema donde no podemos esperar a que los lectores se nos acerquen, sino que hay que ir a por ellos.

Baron no ve alternativas. Casi todas las noticias llegarán a los lectores través de los teléfonos móviles y serán distribuidas en las redes sociales. Y para competir en ese terreno, será necesario  establecer todo tipo de alianzas tecnológicas en un mundo incierto y cambiante que no sabemos quién terminará liderándolo.

A mi juicio, lo más determinante del discurso no son sus predicciones sobre los móviles o las redes (tienen mucho de apoteosis de la obviedad), sino la actitud mental y predisposición de Martin Baron, un señor periodista que, entre otros galones profesionales, dirigió el Boston Globe cuando este periódico destapó los abusos sexuales a niños de miembros de la Iglesia Católica, una historia luego llevada al cine en la película Spotlihgt.

Ponerse de parte de la solución o del problema

Martin Baron ni se deslumbra ni recela de las nuevas realidades tecnológicas, pero hace algo esencial: ponerse de parte de la solución y no del problema, o sea, asumir que el cambio ha venido para quedarse y que no hay otra opción que aceptar el darwinismo digital de adaptarse o morir con las rotativas puestas.

Martin Baron juega con ventaja, pues no es lo mismo trabajar en un medio donde las cuentas de resultados terminan en ERES y despidos que hacerlo teniendo a un editor como el propietario de Amazon, Jeff Bezos, que se comporta como un mecenas  dispuesto a poner dinero para financiar esta transformación digital.

Pero lo importante no es eso, sino que sabe aprovechar esa ventaja para exprimirla y ponerla de parte del periodismo.

¿Cómo? Asumiendo que ponerle puertas al campo en el que ya jugamos todos es una tarea estéril que no evitará lo inevitable y que la única opción es utilizarlas para seguir haciendo más y mejor periodismo que luego se consumirá dónde y como quieran los lectores.