La lástima no es un modelo de negocio para el periodismo

Circula profusamente por las redes sociales un artículo de la edición en español del The New York Times titulado “La miseria del mejor oficio del mundo” en el que se describe con minuciosidad la precariedad en la que viven miles de periodistas en Hispanoamérica. El artículo, firmado por Roberto Herrscher, recalca algo que es objetivamente comprobable y asumido por todos: la crisis económica y la crisis de los modelos de negocio de los medios tradicionales propiciada por la socialización de internet han derrumbado el sistema de medios y deteriorado la situación de muchos compañeros de profesión.

El texto es muy recomendable, pero, desde mi punto de vista, cae en el mismo error que otros tantos: se queda en el diagnóstico de la realidad, describiendo la situación lastimosa en la que viven miles y miles de periodistas, pero no hace hincapié en las soluciones y alternativas que ya se están aplicando desde distintos lugares de la industria.

De hecho, discrepo también del punto de partida de la cuestión: no se trata de que estemos viviendo una crisis del periodismo por el auge de internet, sino de que, tal vez, la crisis sea sólo un síntoma de algo mucho más grande, de un cambio de época capaz de llevarse por delante a todo aquel que no se adapte a las nuevas circunstancias de un ecosistema informativo que reclama medios de comunicación y profesionales más flexibles y más abiertos a los cambios.

Estamos en plena transición de un ecosistema de medios basado en la invención de la imprenta a otro ligado a los cambios continuos de internet.  Y esta transformación, como era previsible, está dejando unos cuantos cadáveres en el camino en forma de periódicos, revistas y emisoras que han cerrado.

La denuncia de esta situación es legítima y necesaria, pero también puede llegar a ser estéril.

A los periodistas no nos van a pagar mejor sólo porque denunciemos nuestra sittuación con vehemencia y emoción o porque logremos que una parte de la audiencia se apiade de nosotros (la lástima no es un modelo de negocio). Tenemos que ser nosotros quienes busquemos modelos de negocio sostenibles y adaptados a la nueva realidad que nos ayuden a salir de esta situación tan delicada.

Y lo que digo no es una utopía. El mismo artículo del New YorK Times cita ejemplos en español como el de eldiario.es, La silla Vacía o El Faro que han encontrado su lugar en el mundo con propuestas innovadoras. Y a esa lista habría que añadir las decenas y decenas de nuevos proyectos que han sabido ganarse su hueco en el mercado generando empleo digno (os cito tres ejemplos que se me vienen a la mente: El Confidencial, El Desmarque y los portales de Weblogs) y, de otra parte, habría que agregar a tantas grandes compañías que están acometiendo sus proyectos de transformación y ya empiezan a tener más ingresos en el entorno digital que en el impreso.

En conclusión, tenemos razones para la queja, pero no vivimos un apocalipsis de precariedad (estamos peor que en los noventa y que en los primeros años del siglo XXI, pero que le pregunten a los periodistas de principios y mediados del siglo XX si vivían mejor que los de ahora) y, en segundo lugar, tenemos que centrarnos no sólo en denunciar lo que sufrimos, sino en devanarnos los sesos para buscar soluciones, que seguro que es mucho más productivo y práctico que anclarse en las denuncias de los males que nos aquejan y nos acechan.

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Los periódicos ‘exploradores’ y el contrato de confianza

Leo en twitter que Pablo Iglesias estará en el facebook de El País Opinión. De inmediato, accedo a los muros creados por Zuckerberg y veo en directo cómo el jefe de opinión de este periódico, José Ignacio Torreblanca, traslada las preguntas que han dejado los lectores al líder de Podemos. En ningún momento he accedido a las páginas ‘oficiales’ de El País, pero en todo este tiempo, he estado consumiendo información y opinión dentro de este diario.

El ejemplo es muy gráfico de lo que le está sucediendo a quienes se están tomando en serio la adaptación al nuevo entorno. Más allá de la agonía de un modelo que se derrumba, hay una realidad que está derribando las puertas tradicionales a patadas: los periódicos exploradores están buscándose de nuevo la confianza de los ciudadanos allí donde estan, en las redes.   

Así, no se preocupan por defender un soporte como si fueran los caballeros que defienden un Santo Grial de papel, sino que se afanan por estar en todos los soportes donde haya lectores dispuestos a mantener ese contrato de confianza con su marca, esa relación de fiabilidad y credibilidad que ha sido siempre la base de este negocio.

El resultado son periódicos híbridos y flexibles que trascienden la concepción tradicional para convertirse en mutantes informativos que, según donde se consuman, adquieren indistintamente la apariencia de diarios de papel, de portales web, de cadenas de televisión, de emisoras de radio…y de redes sociales. Lo de menos es el continente, lo importante es el contenido.

En ellos, los periodistas ya no sólo escriben y se pelean por un lugar en los planillos y en las escaletas. También se han acostumbrado a hacer vídeos, cuelgan enlaces en sus redes, se preocupan por la conversación con sus lectores y se preguntan para qué les servirá periscope y qué demonios será eso del snatchap.

Es verdad que en los periódicos exploradores también se adoptan determinadas modas como si se abrazaran vellocinos de oro a los que se adora sin reflexión alguna, ya sea el periodismo inmersivo o el periodismo de datos, que no deja de ser el mismo periodismo de siempre, pero con herramientas infinitamente más poderosas y accesibles.

Pero, en líneas generales, la mayor parte de los nuevos recursos empleados suman en la misma idea, en la de expandir la marca y acercarla a los lectores, ahora reconvertidos en espectadores que participan en las conversaciones de sus marcas de confianza.

Algunos grupos de comunicación observan esta transformación con un punto de conservadurismo rancio que debería de preocuparles. Van detrás de los periódicos exploradores y esperan que los alumbren antes de tomar cualquier decisión de cambio. Están en su derecho, pero no parece que sea una actitud muy lógica en un mundo en el que lo importante es ser capaz de adaptarse a los cambios en tiempo real. ¿A qué esperan para moverse? ¿A que haya una explosión nuclear?

En fin. Allá ellos. La realidad es que, en términos de modelo de negocio, la estrategia de los exploradores se antoja acertada, aunque sólo sea porque se atisban pocas alternativas más allá de que alguien crea desde la ingenuidad más suicida que el futuro de los periódicos está en la recuperación de los pergaminos como herramienta masiva de comunicación.

Pronto, muy pronto, sabremos quién tiene más razón.

 

P.D. Merece la pena ver esta entrevista a Gumersindo Lafuente. Ayuda a comprender lo que está pasando.