Razones para pensar que no tenemos una prensa tan maligna

El ex secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ha acusado a grupos editoriales como Prisa y a grandes empresas como Telefónica de haberse embarcado en una operación para lograr que él no fuese bajo ningún concepto presidente del Gobierno mediante una alianza con Podemos. La ‘revelación’ ha derivado en una catarata de comentarios sobre cómo los poderes económicos y políticos de España se han adueñado de los medios de comunicación y los utilizan a su antojo para revertir las decisiones de los españoles que van supuestamente en contra de sus intereses.

Si queréis, podemos unirnos a la orquesta que toca partituras incendiarias sobre lo podrido que está el periodismo, mezclando realidades con tópicos baratos y eslóganes demagógicos, acusando a los periodistas en general de todos los crímenes de la humanidad y pensando que la gran mayoría escribe a los dictados del malvado de turno, pero entonces no haremos una aproximación más o menos certera y honesta a lo que está ocurriendo.

Tienen razones de peso quienes afirman que los poderes económicos intentan influir en la vida pública a través de los medios de comunicación. Pero no es nuevo el que haya empresas privadas y partidos políticos que quieran influir en sus esferas y que lo quieran hacer a través de un periódico, una emisora de radio o una cadena de televisión. Y cuidado con aquellos medios que no se sientan presionados, pues eso significará que son irrelevantes.

La prensa sufre graves problemas de credibilidad, agravados por su debilidad como modelo de negocio, pero de ahí a ver que está subordinada por entero a oscuros intereses financieros empieza a ser un delirio.

En todo caso, lo que sí es nuevo es el estado calamitoso de las cuentas de resultados de una parte muy gruesa de los principales medios de comunicación de España, fruto de una combinación letal:  la crisis y de la dificultad con la que muchos de ellos afrontan la transformación digital y el cambio en los hábitos de consumo de la información, distribuida a través de los teléfonos móviles y las redes sociales.

Este hundimiento de la prensa los convierte en carne de cañón para quienes los quieren utilizar para intereses que pueden ser legítimos, pero que casan muy mal con los valores y los principios de independencia, de ética y de honestidad que deben de presidir las acciones de cualquier empresa de noticias.

prensa

Pero insisto, el trazo grueso no funciona aquí. La prensa atraviesa un estado comatoso, pero ni los grandes medios de este país están vendidos de forma general a una oligarquía que quiere acabar con el bienestar de los ciudadanos, ni todos los que trabajan en ellos se han vendido por plato de lentejas en forma de nómina ni, por supuesto, vivimos en un país donde los periodistas libres viven bajo las mordazas de belcebús sin escrúpulos que se dedican a fabricar mentiras desde los periódicos, las radios y las televisiones.

Por el contrario, vivimos en un país donde lo mismo leemos artículos de El País, El Mundo o Abc que podemos atiborrarnos de artículos de eldiario.es, Público o Contexto; que lo mismo podemos informarnos a través de El Confidencial que lo podemos hacer con La Marea; que escuchamos la Ser o la Cope o que vemos Telecinco, TVE o La Sexta.

Y no me disgusta ni me asquea. Ya sé que hay unos cuantos que piensan que vivimos en una dictadura informativa y que ven conspiraciones judeomasónicas a derecha y a izquierda cada vez que alguien de los suyos se ve envuelto en algún asunto más o menos turbio. Pero con todos sus defectos, deficiencias  y debilidades, que los tiene a raudales, sigo viendo y leyendo una prensa que me parece en general plural y libre. Y en la que los ciudadanos pueden elegir e informarse. ¿Podría ser una prensa de mayor calidad? Sí ¿Está sometida a presiones? También. ¿Debería ser capaz de soportar más presiones? Ni lo dudéis. Pero de ahí a hacerle una enmienda a la totalidad hay un trecho que no se puede pasar…si no se quiere faltar a la verdad.

 

El periodismo y la leyenda urbana de la presunción de inocencia

Justicia.

He participado en unas jornadas de la Unión de juristas independientes de Andalucía en torno al proceso penal, los medios de comunicación y la presunción de inocencia. Y quiero pasaros algunas de las reflexiones que trasladé sobre una presunción que, a mi juicio, ni existe ni se la espera en el mundo del periodismo y los periodistas.

Vamos a dejarnos de correcciones políticas. A día de hoy, no existe la presunción de inocencia en los medios de comunicación. La que habita entre nosotros es otra, es la presunción de la culpabilidad de casi todo el que se vea envuelto en cualquier causa penal. Y en ocasiones, incluso de los que ni siquiera han sido llamados por la Justicia.

Discutir, hoy día, si existen o no las denominadas penas de telediario es una cuestión tan estéril como debatir si internet ha cambiado o no nuestras vidas. Pues claro que sí. Y además han amplificado su espectro gracias a las redes sociales, unas herramientas que fabrican Torquemadas en cantidades industriales dispuestos a condenar a quien se les ponga por delante con la sola ayuda de un smartphone y de una cuenta en Twitter o en Facebook.

 La prensa

Si quieren buscar culpables, no hagan generalizaciones ni se dirijan a quienes hacen información política, judicial o policial. A ellos sí que se les puede aplicar la presunción de inocencia. Lo digo tras conocer a grandísimos profesionales especializados en la información de tribunales y de sucesos, gente que se ha pateado hasta la última comisaría de barrio y a la que le han crecido las uñas haciendo guardias a las puertas de los juzgados de instrucción.

Por supuesto que los hay que cargan con ligereza en los adjetivos y que usan el dedo acusatorio en sus crónicas como si en vez de periodistas fueran jueces omnímodos, pero no son mayoría. Aunque a algunos se los parezca, no lo son.

Lo que ocurre es que hay derivas que tienen sus consecuencias. Y en el periodismo son palpables. Me voy a referir a dos de ellas que están relacionadas: la precariedad laboral y la deriva hacia el periodismo espectáculo.  

Con tantísimos despidos en los medios, no había que ser Einstein para pensar que las redacciones se iban a llenar de compañeros  que no tienen ni la solvencia ni el conocimiento necesario para enfrentarse a determinados asuntos. No es su culpa. Eso se gana con el tiempo y aprendiendo de los más veteranos. Y en periodismo, ya no hay tiempo y casi que no hay ni veteranos: han sido expulsados.

Y en segundo lugar, como vivimos a la caza del click o de un par de puntos más de audiencia, los medios y los periodistas estamos contribuyendo a convertir la información en un sucedáneo más cercano al entretenimiento informativo, en combustible para una audiencia que reclama espectáculo y sensaciones nuevas.

Y lo estamos pagando también con el descrédito.

Basta con acercarse al soporte donde se conforma y moldea la opinión pública, la televisión, y al tratamiento que se le dan a las informaciones judiciales ligadas con la política.

Los medios y los periodistas estamos contribuyendo a convertir la información en un sucedáneo más cercano al entretenimiento informativo, en combustible para una audiencia que reclama espectáculo y sensaciones nuevas.

Los programas políticos de las televisiones de mayor audiencia son una reencarnación catódica de las tabernas medievales en las que gana quien grita más y quien conecta mejor con una audiencia que reclama un castigo fulminante a quienes supuestamente nos roban y nos saquean.

Los platós se convierten en escenarios de películas de Berlanga donde el pueblo, soberano, pide la cabeza de todos los sinvergüenzas que  nos explotan. Y el público, el pueblo o como quieran llamarlo, pide justicia, pero no de la que se asienta en el Estado de Derecho sino de la que algunos utilizan sin pudor como sinónimo de carnaza y de linchamiento.

Pues bien, en ese contexto: ¿alguien nos va a decir de verdad que la presunción de inocencia se cuida, o que al menos intentamos recordar que existe? Estamos hartos de condenar a la gente sin necesidad de que lleguen a juicio. Y en eso, los medios de comunicación tenemos nuestra parte de culpa. ¿O es que alguien nos obliga a convertirnos en tribunales populares?

La balanza de la justicia. Fuente: pixabay.com
La balanza de la justicia.

No se trata de que quienes nos dedicamos a esta profesión tengamos la maldad en nuestras venas. En ocasiones, simplemente nos olvidamos de que existe porque nos creemos que lo que dice un juez, la Policía o la Guardia Civil en la instrucción de un caso es más o menos la palabra de Dios y que, por tanto, todo aquello que ellos concluyan en sus investigaciones no puede ser puesto en cuarentena.

Pero en lo que sí tenemos mucha responsabilidad, y en eso por supuesto me incluyo el primero, es en haber pervertido el lenguaje por encima de nuestras posibilidades:

Pondré un ejemplo clasico, el de la utilización torticera del término ‘imputado’. Yo estudié Derecho en la Universidad de Sevilla en los años ochenta y, si mal no me acuerdo, a mí me dijeron que la imputación era una garantía procesal.

Vargas Llosa se hacía en el arranque de su obra ‘Conversación en la Catedral’ la pregunta de ¿cuándo se jodió el Perú? Parafraseándolo, yo me sigo preguntando como periodista cuándo se jodió la palabra imputación y cuándo decidimos los medios de comunicación que si alguien era imputado (ahora es investigado), automáticamente había que tratarlo como alguien condenado en sentencia más que firme.

La dictadura de la afirmación rotunda

Los periodistas cometemos errores, pero una cosa es cometer errores y otra bien distinta es instaurar la dictadura de la afirmación rotunda, un régimen de verdades absolutas que condena a los encausados sin dejarles ni el derecho a la más mínima defensa.

¿Qué podemos hacer? En las mismas jornadas a las que asistí le escuché decir al periodista Diego Suárez que una de las mejores maneras de luchar contra nuestros errores es apostar más si cabe por la especialización de los profesionales, que son quienes tienen que aportar el rigor y la solvencia con la que hay que manejarse en estos asuntos.

Pues sí, así que sólo añadiré tres ingredientes a esta receta: una mayor templanza y mesura por parte de quienes dirigen las redacciones, libertad editorial para no dejarse llevar por intereses espurios y, sobre todo, no olvidarnos que los periodistas nos podemos equivocar y que podremos ser más subjetivos que objetivos, pero que sobre todo lo que tenemos es que ser honestos con la audiencias y con nosotros mismos. No hay otra.

Los periodistas ante la ‘tormenta perfecta’

Tormenta. Fuente: Pixabay

Los periodistas nos hemos acostumbrado tanto a que nos digan que vivimos en una tormenta perfecta que hemos terminado por no inmutarnos cuando nos avisan de que el huracán que acaba de aparecer en nuestro rádar amenaza con pegarnos todavía más fuerte.

He pensado en esto leyendo un artículo muy recomendable de Miguel Ormaetxea en Cuadernos de periodistas en el que se hace eco de la inminente llegada de una nueva crisis de “destrucción creativa” que amenaza con llevarse por delante, una vez más, una parte nada despreciable de los empleos de la industria del periodismo.

Si lo leéis y sois periodistas, podéis llegar a preguntaros legítimamente si esta crisis que ha reventado la industria tiene fecha de caducidad o si, por el contrario, no se trata de una crisis sino de un estado de cambio constante y permanente que no va a parar por mucho que protestemos y nos desgarremos las camisas como plañideras andantes.

Os resumo las principales causas que nos conducen de cabeza a otro nuevo valle de lágrimas: El uso creciente de los bloqueadores de publicidad, la competencia de los motores de búsqueda y las redes sociales, el rechazo de la publicidad tradicional por parte de los lectores y, por último, una alocada carrera por la audiencia que ha terminado por convertir muchos productos informativos en comida rápida y barata que apenas tiene valor. Y todo esto para un mercado en el que cada vez hay más actores dispuestos a reclamar su porción de ingresos y en el que, precisamente, cada vez hay menos dinero que repartir.

Uff, suena terrible, pero tenemos dos opciones: llorar por lo que nos está pasando (no os perdáis las referencias a la tesis de un par de profesores de la Universidad de Tejas que defienden que la prensa se ha equivocado en su estrategia de transformación digital) o aplicar el principio de realidad y dedicarnos a buscar modelos de negocio que esquiven estos peligros y sepan encontrar vías de ingresos para las arcas de los medios.

No se trata de una cuestión anecdótica. En realidad, representa los dos modos de entender cómo abordamos la mayor transformación que han vivido los medios desde que un tipo que se llamó Gutenberg inventó una máquina a la que llamó la imprenta.

O bien nos dedicamos a glosar con  nostalgia y aflicción todo lo que nos equivocamos y los peligros que nos acechan (y digo yo que ya estaremos cansados de quejarnos tantísimo) o bien nos ponemos a pensar cómo demonios salimos de la próxima gran ola de la crisis y cómo nos preparamos para superar las siguientes.

O lloramos o nos preparamos y afrontamos la realidad. Toca decidirse.

 

¿Queréis un caso de éxito en periodismo? WeblogsSL

Tenía pendiente recomendaros una entrevista a Julio Alonso, fundador de WeblogsSL, que ha publicado el blog del master en Innovación en periodismo que organiza la Universidad Miguel Hernández de Elche. En una época donde el cierre de periódicos y noticias empieza a no ser noticia (pensad, por ejemplo, en la desaparición del diario Ahora un año después de su nacimiento), merece mucho la pena leer las reflexiones de un tipo que preside una compañía de medios que seguramente ninguno de nosotros nombraría como una de las grandes del sector, pero que tenía ya en septiembre 53 millones de usuarios únicos entre España y Latinoamérica. O sea, que han sabido sobrevivir a los vaivenes de una industria donde se desayuna, se come y se cena incertidumbre y se han convertido en uno de los grandes actores de la industria de la información en español.

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De la entrevista se pueden sacar muchas conclusiones. Las mías van aquí:

  1. Llevamos más de una década en busca de la fórmula secreta de la Coca-cola de las noticias y seguramente no haya una solución sino múltiples soluciones a nuestros problemas de producto. En el caso de WeblogSL, no parecen salirse del carril: buscan hacerse fuertes en nichos de especialización que generen audiencia y que sean lo suficientemente atractivos como para formar un negocio publicitario en torno a ellos.
  2. Buscan ser el mejor medio en esas temáticas especiales. Y quiero entender con eso que le echan mucho tiempo a pensar quiénes son sus colaboradores y qué contenido de valor añadido le dan a sus lectores. Si no lo logran, a otra cosa. Y punto.
  3. Sostiene Julio Alonso que no ganan los más hábiles sino los que son más ágiles y más rápidos, que hay que ser rápido en entender el mercado y en cambiar y probar cosas. ¿Un ejemplo de ellos mismos? Están trabajando mucho en publicidad programática y tienen una agencia que elabora contenidos para marcas empresariales. Actúan como cazadores: si ya no hay dinero donde siempre, habrá que buscarlo en otros territorios. En este caso, vendiendo servicios.
  4. Y, por último, entender a tu audiencia y a la audiencia potencial, lo que significa pararte a pensar en los canales por los que llegan a ti y adaptarte a ese lector que no es uniforme y que lo mismo te llega gracias a los Instant articles de facebook, a través un enlace noticioso que le llegue a su cuenta de correo electrónico o porque te ha colocado en la carpeta de favoritos de su portátil.

Lo que dice Julio Alonso y todo lo que nos cuenta nos parece de sentido común. Es un ejercicio de adaptación al medio como el que observamos cuando nos sentamos a ver un documental sobre cómo sobreviven los animales en la jungla o en la sabana. Se trata de una cuestión que se resume en una sola idea: la capacidad de adaptarse a la persona a la que se supone que le sirves, algo que Julio Alonso traduce como “tomarse en serio las pasiones de la audiencia”.Y a WeblogSL le funciona. Vaya si le funciona.

P.D. Hace cosa de un año, Julio Alonso impartió en iRedes una conferencia sobre la evolución de los medios digitales. Una recomendación: el día que tengáis tiempo, echadle un vistazo. Muy interesante. Por aquí os paso el vídeo: