Hacer periodismo no es gratis (el caso de Infolibre)

Dimite en España el fiscal anticorrupción, Manuel Moix, tras conocerse que posee el 25% de una sociedad offshore en Panamá y gran parte de la opinión pública aplaude hasta romperse las palmas de las manos el trabajo del medio de comunicación que desveló la información.

El medio en cuestión se llama Infolibre, es digital, tiene también una revista hermana (Tinta ibre), nació hace cuatro años, ha apostado por un muro de pago para sus informaciones y, desde este mismo año, puede decir con muchísimo orgullo que logra más ingresos gracias a las aportaciones de sus suscriptores que por la vía de la publicidad, lo que le aporta mayor independencia editorial y le ahorra algunos de los sinsabores propios del oficio.

Redacción de Infolibre.
Redacción de Infolibre.

Infolibre tiene una línea editorial de izquierdas muy marcada, pero, por lo que he podido leer en estos años, ante todo es un medio honesto que apuesta por el periodismo y sin concesiones al click facilón y que ha mostrado siempre una coherencia nada común entre lo que dice en sus proclamas editoriales y lo que hace luego en su medio.

Infolibre es serio. No digo aburrido, digo serio, que no es lo mismo. Es un medio que publica informaciones contrastadas, que cree que las reputaciones se ganan en el día a día y que las recompensas llegan en el largo plazo. Pero no se financia con aire, con soflamas indignadas o con buenos sentimientos, sino, como todos, con dinero, como bien resume este periodista en su cuenta de Twitter.

Exacto. El periodismo libre tiene un coste. Y sólo será posible si hay lectores comprometidos con él, como bien sostiene por aquí Manuel Rico, director de esta publicación y el periodista que ha desvelado la historia de Moix y su sociedad panameña.

Los que os habéis dado una vuelta por este blog sabéis que pienso que las soluciones a la crisis de negocio de los medios no tienen por qué venir sólo por el pago de los lectores. Hay otras vías tan legítimas como la del pago, y habrá que buscar en cada caso, la que mejor se adecúe a cada medio y a cada comunidad a la que se dirija.

Pero, en cualquiera de los casos, el sustrato de lo que dicen por aquí sirve para dos cosas: La primera, para que entendamos todos que los medios de comunicación serios y comprometidos necesitan de una audiencia igual de seria y de comprometida para poder sobrevivir. Y la segunda, para que todos nos demos cuenta de una santa vez que hacer periodismo no es gratis, que los periodistas tenemos el mismo interés que el resto de los ciudadanos en pagar nuestras hipotecas y en querer que nuestros hijos vivan lo mejor posible y que las exclusivas no llegan dándole al F-5 de nuestro ordenador o limitándonos a lanzar eslóganes divertidos en la red social de moda.

Enhorabuena a Infolibre. Y a seguir dando ejemplo de que si se quiere, en periodismo, también se puede.

Los muros de pago se topan con el ‘muro’ de Facebook

Muro de facebook del periódico The New York Times

Una pregunta en periodismo que ya es un clásico: ¿salvarán los muros de pago de su agonía a los periódicos nacidos en los siglos XIX y XX? Desde que el New York Times implantara su paywall hace ahora cinco años, se ha convertido en la gran esperanza de los editores y gerentes de periódicos de todo el globo. El tiempo ha pasado, pero la panacea ha resultado no ser universal. Los muros sólo funcionan en algunos casos. En otros, han fracasado con estrépito.

¿Culpa del sistema? No, culpa de quienes han pensado que en los tiempos de Google y las plataformas sociales se pueden cerrar las puertas del club y pedir a los lectores dinero a cambio de algo que ya tienen gratis, en abundancia, en el móvil y a sólo un click de distancia.

La gran dama del periodismo neoyorquino tiene casi un millón de suscriptores digitales, pero en esto sirve muy poco de ejemplo, pues nadie tiene ni la audiencia, ni la credibilidad ni el músculo financiero que tiene el New York Times (NYT). Es tan poco representativo de la clase media del periodismo como el Real Madrid o el Barcelona no son el ejemplo de la clase media del fútbol español.

Se puede emular su modelo, pero hagamos cuentas: ¿cuántos medios conocéis que, a día de hoy, aporten el suficiente valor añadido para pedir dinero a sus lectores a cambio de noticias en el contexto de saturación informativa en el que vivimos? Los hay, como el ejemplo tan singular de Mediapart en Francia, pero son los menos.

En España, Unidad Editorial, Vocento y Prisa apostaron en su momento por la creación de plataformas de suscripción (Orbyt y Kiosco y mas) para trasladar su modelo de papel al digital, pero estos productos se han convertido a sí mismos en unos quebraderos financieros para sus editores.

Vocento ha empezado también a experimentar en cabeceras regionales como El Correo con una propuesta de paywall flexible que está por ver que funcione.

Y medios como eldiario.es, Infolibre o El Español han apostado por un modelo de pago que apela más al compromiso de los lectores con un proyecto periodístico y social que al intercambio mercantil. Y ni aun así logran cifras estimables por esta vía.

Si acaso, el único que sí las logra es eldiario.es, pero el medio fundado por Ignacio Escolar, por su singularidad, tampoco entra en la categoría de los paywall. Es un medio en abierto que no cierra sus contenidos, sino que adelanta sus contenidos a sus socios y les ofrece ventajas premium frente al resto de sus usuarios. Según los datos de comscore del mes de junio, supera los 5,6 millones de usuarios únicos en el mes de junio. Y, además, han logrado ya 19.000 socios, una grandísima cantidad, pero que supone que sólo el  0,33% de sus lectores se ha decidido pagar por los contenidos.

 

Muros de pago…y estériles

Las tendencias ya están bien definidas: aparte de los que han decidido pelear por las grandes audiencias, quienes han intentado alzar muros sin resquicios han visto cómo se hunde el tráfico web y con él las posibilidades de entrar en las grandes campañas publicitarias y quienes han establecido sistemas más o menos porosos han tenido algo más de éxito, pero sólo en función de su capacidad de ser flexibles y de adaptarse a las exigencias reales del mercado.

Nada que no podamos confirmar desde nuestra experiencia de usuario. La gran mayoría de quienes estén leyendo este artículo no estarán suscritos a ningún diario y, además, harán exactamente lo mismo cada vez que no logran acceder a un contenido restringido: darse la vuelta y, como máximo, buscar ese mismo contenido en otra parte.

En estos tiempos en los que una parte tan importante de los ciudadanos sólo consume la información que le llega a su cuenta de Google o a sus muros personales de Facebook, Twitter o Instagram, la construcción de muros de acceso a la información se antoja un esfuerzo estéril, salvo que se cuente con anterioridad con una audiencia fiel que confía casi a ciegas en la visión del mundo que le ofrece su periódico. Los muros de pago se han topado con los muros de Facebook. Y ante eso, poco pueden hacer.

En tal sentido, lo que sí parece una dirección correcta es trabajar en convertir esa audiencia en una comunidad para, a más largo plazo, construir en torno a esas comunidades modelos de negocio en los que se puedan incluir ofertas premium de contenidos para los lectores más recurrentes y fieles.

Seguramente eso sea lo que veamos a partir de ahora en los grandes medios tradicionales. Tras el derrumbe del modelo industrial, tanto los medios nacidos en la era de la imprenta como los nativos digitales están explorando nuevas fuentes de ingresos entre las que la instalación de muros de pago no es más que una posibilidad más de rentabilización del contenido, una posibilidad que sólo estará al alcance de quienes tengan audiencias/comunidades sólidas y estén dispuestos a que sus negocios no vivan de la publicidad de las grandes campañas.