Trump enfurecido y el periodismo “fuera de control”

Donald Trump sigue enredado en su obsesión patológica con la prensa, a la que atribuye casi todos los desastres que ha provocado en su primer mes en el despacho oval de la Casa Blanca. Lo último ha sido su actuación estelar en la rueda de prensa en la que se defendió con argumentos surrealistas de las acusaciones sobre los contactos de su equipo de campaña con miembros de la Inteligencia rusa. Allí, Trump ha acusado a la prensa de estar “fuera de control”, lo cual sólo ha servido para convencernos a todos de que quien está fuera de control es el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.

Trump tenía tres opciones en sus relaciones con el periodismo: moderarse y norrmalizar estas relaciones, actuar como un presidente populista y demagógico al estilo de Maduro en Venezuela o ejercer de presidente freaky, convirtiendo cada una de sus intervenciones públicas en un espectáculo imprevisible y disparatado para deleite de sus imitadores de la televisión. Por ahora, se ha decantado por situarse entre la segunda y la tercera opción. Y va a más en su delirio.

La estrategia de Trump con los medios de comunicación es transparente: utilización masiva de la televisión para colocar su mensaje simple y primario y ataque enfurecido a todos aquellos medios y periodistas que se atrevan a denunciar sus excesos y mentiras. Trump se ha aprovechado del desprestigio general de la prensa, en esta época en que a las mentiras las llamamos posverdades, para presentarla como el brazo armado de las élites que han reventado el sueño de millones de norteamericanos que supuestamente viven mucho peor que sus padres y que sus abuelos. Y le ha funcionado.

El presidente americano sueña con acabar con los medios que le atacan y está convencido de que se puede gobernar a golpe de decreto y de Twitter. Y por eso se enfurece cuando comprueba que los jueces suspenden sus decretos y los periodistas de los medios hostiles siguen recordándoles todos los días que es una máquina de mentir y de difamar. Literalmente, no lo soporta. Y de ahí los ataques patológicos y su obsesión con destruir al que no le sigue el juego.

Se trata de dos concepciones radicalmente distintas de cómo entender la importancia de los medios en las sociedades libres. Y como es evidente, ambas concepciones chocan. A Trump le gustaría que cerraran unos cuantos medios. Y a esos medios les gustaría ver a Trump muy lejos de la Casa Blanca.

La prensa más o menos seria es consciente de lo que ha llegado. No se arredra. Y hasta ha descubierto que desvelar las mentiras de Trump también es rentable para sus cuentas de resultados. Periódicos como The New York Times o The Washington Post están viendo cómo aumenta sustancialmente el número de personas que se suscriben a sus medios en la creencia de que el papel de los medios de comunicación como contrapeso del poder es indispensable en cualquier democracia que se precie. Más si cabe cuando un tipo de la caladura mental de Donald Trump hace y deshace desde el despacho del hombre más poderoso del planeta.

Algo bueno de la guerra de los medios de comunicación y Donald Trump

Fuente: Univisión

Que no se sorprenda nadie. Donald Trump seguirá atizándole a la prensa como si ésta fuese una plaga bíblica a la que habría que expulsar del nuevo paraíso norteamericano. En sus primeros días como presidente de la nación más poderosa de la tierra, ya ha tenido tiempo de golpearle por dos flancos para empezar a ajustarle las cuentas.

En una reunión con altos cargos de la CIA ha dicho de los periodistas que son la gente más deshonesta de la tierra (si hay algo que le gusta al nuevo presidente es el matonismo verbal y las acusaciones hiperbólicas) y, por otra parte, su nuevo portavoz ha acusado a la prensa de mentir a la hora de dar los datos de asistencia a su toma de posesión (por cierto, sin aportar datos sobre su acusación y además mintiendo con un descaro sólo superado por el del nuevo comandante en jefe de los ejércitos americanos).

Trump no esconde su estrategia, simple y machacona: la demonización de los medios y su asimilación a ese stablishment contra el que piensa actuar desde su despacho oval. Considera que los periodistas son sus enemigos. Y los trata como tal.

La prensa cambia de estrategia

Pero lo que sí va a cambiar es la actitud de la gran mayoría de los medios de comunicación hacia él.

Antes, lo criticaban por su discurso insultante y agresivo, pero también daban todos sus mítines en directo en TV y le proporcionaban publicidad gratuita gracias a cientos y cientos de horas en los principales espacios televisivos que él aprovechaba para abonar su discurso ultranacionalista y populista.

Ahora, van a seguir contando todo lo que se le ocurra (como para no hacerlo: es el presidente de los Estados Unidos de América), pero también van a chequear sus afirmaciones para detectar sus mentiras, ponerlas en contexto y exponerlas al público.

En este hilo en twitter de la periodista Dori Toribio se puede comprobar este cambio estratégico.

Y aquí un ejemplo en la cuenta de Twitter del New York Times:

 

Seguramente Trump está encantado de que esta guerra vaya a más, pues como buen populista no quiere adversarios sino enemigos y necesita de confrontaciones como ésta para seguir alimentando la leyenda de que él es un hombre que defiende a las clases sencillas frente a los poderosos, segmento en el que incluye a las principales cabeceras estadounidenses, con el New York Times, el Washington Post y la CNN a la cabeza.

Pero a la mayoría de los medios de comunicación no les queda otra que no sea desmontar las barbaridades que suelta Trump casi sin despeinarse. Entre otras razones, porque el periodismo no consiste sólo en contar lo que ocurre como si en vez de periodistas fuésemos drones, sino en explicar lo que ocurre poniéndole ese contexto que tanto se echa de menos.

Y sí, queda en el aire una pregunta inevitable: ¿y por qué los medios no hicieron esto antes y ayudaron a evitar que un tipo como Donald Trump llegara a ser el inquilino de la Casa Blanca con un discurso tan infumable? ¿de verdad que no se pudo haber destapado el perfil más oscuro de un personaje tan grotesco como el del ya presidente norteamericano?

Bienvenida la verificación de los discursos de Trump, pero llega tarde, demasiado tarde.

P.D. Se me olvidaba otro dato bueno para los medios: el efecto reacción de muchos ciudadanos que han decidido comprometerse con los medios a los que ataca a Trump y han empezado a suscribirse a ellos para defenderlos ante las bravuconadas del empresario y ahora dirigente mundial. Mira que, irónicamente, Trump les está permitiendo descubrir una nueva vía de ingresos gracias a sus improperios.

El odio enfermizo al periodismo del nuevo ‘Mister tuit’

CNN.com

A Trump no sólo no le gustan los periodistas, sino que parece haber decretado una orden de alejamiento que les impide acercarse a él. Los quiere cuanto más lejos mejor. Ya ha demostrado que se puede ganar en las elecciones presidenciales despreciando a los medios. Y ahora está empeñado en demostrar que se puede gobernar sin comparecer ante ellos y tratándolos como a enemigos del pueblo soberano.

Han pasado más de dos meses desde que los estadounidenses le eligiesen como presidente del país más poderoso del planeta y el nuevo inquilino de la Casa Blanca sigue sin dar ruedas de prensa ni entrevistas. Si quitamos las que concedió a las pocas horas de su victoria, el balance es cero. Nada de nada. Como si los medios estadounidenses de referencia no existiesen. Y los periodistas, menos todavía.

Dos factores juegan a favor de Trump: el primero es que su desprecio por la prensa es compartido por muchos que ven a los medios de comunicación como otros representantes de ese sistema tradicional, el stablishment, que ellos rechazan con ahínco por considerarlo la fuente de todos sus males. Y el segundo es que ahora tiene alternativas para comunicarse con los ciudadanos que antes no existían: las redes sociales. Y está más que dispuesto a emplearlas.

Trump lo sabe bien. Y por eso se ha convertido en mister Tuit, el nuevo rey Midas de Twitter. El millonario que ha ganado las elecciones bramando contra todo y casi todos ha convertido esta red social en su oráculo personal, en un inmenso megáfono desde el que suelta sus comentarios a golpe de tuit.

Le da igual el asunto: lo mismo desvela las intenciones de la nueva Casa Blanca sobre la política de armamento nuclear de los Estados Unidos que sale al paso de los ataques más que justificados de Meryl Streep en la entrega de los Globos de oro. Todo se puede comunicar en 140 caracteres. Y encima sin tener que responder a las preguntas supuestamente insidiosas de los periodistas. El paraíso para cualquier político con pocas ganas de responder a la prensa crítica.

 

Se puede suponer que cuando sea designado presidente, Trump deberá comparecer ante los medios, pero esto no deja de ser una suposición. La tentación de seguir dirigiéndose a los norteamericanos sólo desde su teléfono móvil a través de Twitter o retransmitiendo mensajes televisados para todo el mundo desde la web oficial de la Casa Blanca está ahí. Y no es para nada descartable. Trump está dispuesto a ir a la guerra contra los medios tradicionales. Y su primera intención es ningunearlos. ¿Lo conseguirá? A mi juicio, no sólo no lo va a lograr, sino que los va a terminar fortaleciendo. Y como muestra, mirad lo que ha pasado con los medios a los que ha atacado con saña, como el New York Times o el Vanity Fair, que han visto cómo aumentaban sus suscripciones gracias a los ataques del inminente presidente.

La relación de Trump con los medios promete ser huracanada, pero quién sabe, igual se trata de huracanes con efecto boomerang. Al tiempo.

P.D. El vídeo de Meryl Streep en el que ataca a Trump y defiende los valores del periodismo para hacer frente a los excesos del nuevo presidente norteamericano es literalmente imprescindible. Echadle un vistazo y lo comprobaréis. Fantástico.

Y segunda P.D: Trump ha dado por fin una rueda de prensa. Y sólo puede aventurarse una conclusión: si alguien pensaba que iba a moderar su discurso, ya puede ir despertándose del sueño. Se ha mostrado tan zafio, histérico, conspiranoico y maleducado como siempre. Y ha seguido atacando a la prensa como si fuese la reencarnación americana de Jesús Gil. Un santísimo desastre que se va a sentar en el sillón más poderoso de la tierra en muy pocos días.