Facebook y Google: ¿amigos o vampiros?

Quien se haya asomado en alguna ocasión por este blog sabe que he defendido siempre la tesis de que los medios de comunicación tienen que asumir que plataformas sociales como Facebook y buscadores como Google son quienes mandan en la distribución de las noticias y que más vale que nos adaptemos a esta realidad para sobrevivir en el nuevo entorno mediático. 

Y quizás también sepa de mis reticencias hacia los medios que aspiran a sustentar sus negocios únicamente en torno al pago por contenidos. O para ser exactos, de mi escepticismo acerca de que ese pago y el abandono de la gratuidad sean los nuevos caminos por los que tienen que transitar las organizaciones que quieren ser exitosas en el nuevo entorno digital. Más que nada porque no veo que haya la suficiente masa crítica de ciudadanos que estén dispuestos a comprometerse con la prensa de calidad pagando por ella y no sólo despotricando en las redes sociales contra los males del periodismo.

Sigo pensándolo, pero con mucha menos convicción que antes por un par de razones que os voy a exponer por aquí.

En primer lugar, si alguna vez pensé que Google y Facebook podían y debían ser aliados imprescindibles de los medios de comunicación, ahora pienso que me pasé de inocente.

Google y Facebook no son ONG, no tienen entre sus misiones empresariales la salvación de la industria de las noticias. Y es verdad que, gracias a la presión que ejercen en el mercado, han ayudado a que los medios aceleren su transformación.

Pero, por lo demás, es lícito preguntarse para qué le sirve a los medios echarse en brazos de estos grandes hermanos que dominan el ecosistema digital.

Te quiero tanto que me quedo con tu negocio

A las grandes plataformas sociales y a los motores de búsqueda les interesan los productos periodísticos para seguir publicando contenido atractivo en sus plataformas y buscadores, pero también están dispuestos a quedarse con todo el negocio de la publicidad que hasta ahora llegaba a los medios. Y lo están logrando, obligando en consecuencia a las empresas periodísticas a buscar nuevos ingresos para seguir sosteniendo sus cuentas de resultados. 

Podréis decirme que esto ya se veía venir, que es legítimo y que quien no haya actuado antes es porque o no ha querido o no ha podido emprender los cambios necesarios y tendréis razón, pero no creo que ésa sea la cuestión clave.

La pregunta clave después de decir todo esto es que si Google y Facebook se llevan toda nuestra pasta, porqué demonios hay que darle todo lo que tenemos a cambio de unas pocas migajas que apenas nos ayudan, a qué viene darle todo lo que tenemos como si fuera nuestro mejor amigo si en realidad se están comportando como vampiros.

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Facebook y el complejo del casero gruñón

Y en segundo lugar, no me parece que el comportamiento de caseros gruñones de estos actores -y aquí de quién hablo básicamente es de Facebook- ayude a seguir haciendo atractiva la idea de entregarle todos nuestros contenidos gratis a unos y otros. 

Pensemos en este último año y en lo que ha hecho la compañía de Mark Zuckerberg por los medios: les ha cambiado los algoritmos cuando le ha dado la gana; ha puesto las noticias en segundo plano y se ha mostrado incapaz de luchar contra las noticias falsas que han contaminado casi todos los muros y timelines de los ciudadanos de los países occidentales. O sea, se ha convertido en un aliado muy poco amigable. 

Si a estos dos factores le unimos que la gratuidad sigue depreciando el valor de las noticias en un entorno de oferta abundante, llegamos a la conclusión de que, por mucho que seamos reticentes a las fórmulas de pago por la información, seguramente no haya más remedio que trabajar en ellas si se quiere buscar un futuro en este sector. 

Muro-de-pago. Web: Clases de periodismo
Muro de pago. Web: Clases de periodismo

Ya no me creo en absoluto que Google y Facebook quieran ayudar a las organizaciones de noticias. O, si se quiere, y por no ser tan tajante, prefiero pensar que lo mejor que pueden hacer estas mismas organizaciones periodísticas es buscarse un futuro en el que no dependan de estos gigantes. 

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¿Y qué hacemos?

Y eso sólo se consigue creando una comunidad de lectores/espectadores en torno a las marcas, buscando ingresos asociados a la explotación de las mismas, acostumbrando a los lectores a valorar el producto volviendo a pagar por él… y retomando el control de los canales de distribución de las noticias. 

Eso no significa que vaya a reivindicar el regreso vintage a los quioscos ni nada que se le parezca. Por aquí no estamos por la nostalgia estéril. 

De lo que estoy hablando es de la necesidad de asumir que los medios tendrán más posibilidades de seguir siendo relevantes y sostenibles si se dan cuenta de que sus modelos de negocio no pueden basarse únicamente en la publicidad ni, como decía antes, pueden depender de los logaritmos caprichosos de Facebook o de lo que quiera decidir Google. 

¿Es difícil? Por supuesto, pero la alternativa es infinitamente peor. Y quien más quien menos, casi todo el mundo en este negocio ha empezado a darse cuenta.

Los quiosqueros no quieren saber nada de Amazon ni de nada que se le parezca

Foto: eldiario.es

El diario El País ha decidido probar la venta de ejemplares de su periódico de papel a través de Amazon y, de momento, sólo para lectores de Madrid y su área netropolitana. La medida es disruptiva en un negocio cuyo producto se ha vendido siempre casi en exclusiva a través de las redes de quioscos. Y como cualquier otra disrupción, tiene sus detractores. Uber y Cabify tienen en contra a los taxistas. Y El País tiene en contra a los quiosqueros, quienes claman contra la decisión y amenazan con esconder el periódico en sus puntos de venta si Prisa insiste en utilizar estas plataformas electrónicas de venta para la distribución de sus periódicos.

Los quiosqueros defienden legítimamente su negocio, pero, a largo plazo, es muy difícil, por no decir imposible, que sus quejas puedan frenar el legítimo derecho de los editores a buscar otras nuevas vías de distribución de sus productos que se acomoden a los nuevos hábitos de los consumidores.

El paisaje de los periódicos de papel no invita precisamente al acomodamiento, sino a la innovación. Y lo mínimo que tienen que hacer los editores que quieren mantener sus productos de papel, porque consideran que sus modelos de negocio siguen cimentándose sobre los ingresos de sus periódicos, es probar y experimentar nuevos sistemas de distribución y venta que animen el mercado y hagan más fácil el consumo de este producto.

Particularmente, no creo que medidas como la de enviar el periódico por Amazon vaya a frenar la caída en la venta de los ejemplares porque el problema de los periódicos de papel no reside en la distribución, sino en el rechazo del producto de papel por parte de generaciones de lectores que ya sólo leen las noticias que les llegan a través de las aplicaciones que tienen instaladas en sus teléfonos móviles.

Aferrados al pasado

Pero del mismo modo que le tengo poca fe a estas iniciativas, pienso que si quieres seguir en el negocio del papel, no tienes más remedio que aplicar recetas innovadoras con las que insuflar sangre y energía a los periódicos.

Pongo sobre la mesa un par de datos: en primer lugar, la OJD que verifica la difusión de los periódicos ha certificado en marzo de este año que en España ya no hay un solo periódico que venda más de cien mil ejemplares diarios. Y en segundo lugar, en los últimos doce años han desaparecido en España 5.000 quioscos, lo que implica que ahora cuesta mucho más ir a un quiosco a comprar un periódico por la sencilla razón de que ese quiosco puede haber dejado de existir o ha dejado de vender diarios. Y si no me créeis, pues intentad, por ejemplo, comprar un periódico una tarde de domingo y ya me diréis si es fácil, difícil, muy difícil o imposible.

Y no creáis, además, que los periódicos tienen mucho tiempo para actuar. Por mucho que insistan en que siguen siendo los actores más influyentes del mercado informativo, lo cierto es que sus ventas siguen descendiendo de forma dramática y que se necesitan soluciones urgentes para evitar que el negocio se venga abajo de forma estrepitosa en menos tiempo del que nos podamos pensar.

Los periódicos de papel necesitan reinventarse cuanto antes. Con Amazon o sin Amazon. Con los quiosqueros o sin ellos. Pero reinventarse probando y experimentando. Y cuanto antes lo hagan, mejor. No tienen otra alternativa.

 

 

¿Queréis un caso de éxito en periodismo? WeblogsSL

Tenía pendiente recomendaros una entrevista a Julio Alonso, fundador de WeblogsSL, que ha publicado el blog del master en Innovación en periodismo que organiza la Universidad Miguel Hernández de Elche. En una época donde el cierre de periódicos y noticias empieza a no ser noticia (pensad, por ejemplo, en la desaparición del diario Ahora un año después de su nacimiento), merece mucho la pena leer las reflexiones de un tipo que preside una compañía de medios que seguramente ninguno de nosotros nombraría como una de las grandes del sector, pero que tenía ya en septiembre 53 millones de usuarios únicos entre España y Latinoamérica. O sea, que han sabido sobrevivir a los vaivenes de una industria donde se desayuna, se come y se cena incertidumbre y se han convertido en uno de los grandes actores de la industria de la información en español.

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De la entrevista se pueden sacar muchas conclusiones. Las mías van aquí:

  1. Llevamos más de una década en busca de la fórmula secreta de la Coca-cola de las noticias y seguramente no haya una solución sino múltiples soluciones a nuestros problemas de producto. En el caso de WeblogSL, no parecen salirse del carril: buscan hacerse fuertes en nichos de especialización que generen audiencia y que sean lo suficientemente atractivos como para formar un negocio publicitario en torno a ellos.
  2. Buscan ser el mejor medio en esas temáticas especiales. Y quiero entender con eso que le echan mucho tiempo a pensar quiénes son sus colaboradores y qué contenido de valor añadido le dan a sus lectores. Si no lo logran, a otra cosa. Y punto.
  3. Sostiene Julio Alonso que no ganan los más hábiles sino los que son más ágiles y más rápidos, que hay que ser rápido en entender el mercado y en cambiar y probar cosas. ¿Un ejemplo de ellos mismos? Están trabajando mucho en publicidad programática y tienen una agencia que elabora contenidos para marcas empresariales. Actúan como cazadores: si ya no hay dinero donde siempre, habrá que buscarlo en otros territorios. En este caso, vendiendo servicios.
  4. Y, por último, entender a tu audiencia y a la audiencia potencial, lo que significa pararte a pensar en los canales por los que llegan a ti y adaptarte a ese lector que no es uniforme y que lo mismo te llega gracias a los Instant articles de facebook, a través un enlace noticioso que le llegue a su cuenta de correo electrónico o porque te ha colocado en la carpeta de favoritos de su portátil.

Lo que dice Julio Alonso y todo lo que nos cuenta nos parece de sentido común. Es un ejercicio de adaptación al medio como el que observamos cuando nos sentamos a ver un documental sobre cómo sobreviven los animales en la jungla o en la sabana. Se trata de una cuestión que se resume en una sola idea: la capacidad de adaptarse a la persona a la que se supone que le sirves, algo que Julio Alonso traduce como “tomarse en serio las pasiones de la audiencia”.Y a WeblogSL le funciona. Vaya si le funciona.

P.D. Hace cosa de un año, Julio Alonso impartió en iRedes una conferencia sobre la evolución de los medios digitales. Una recomendación: el día que tengáis tiempo, echadle un vistazo. Muy interesante. Por aquí os paso el vídeo:

 

Enlace

La web ya no es el macho alfa de la distribución de las noticias

Web informativas

Cada cierto tiempo tiempo leemos en los papeles sobre periodismo que las webs informativas están muertas. Es un poco como lo de la desaparición de las novelas o la de los blogs, a los que hemos matado sin esperar a que dejen de respirar.

Algo de cierto hay, sin embargo: las webs ya no son el centro de la atención informativa y su importancia como casa madre desde la que distribuir las noticias ha ido reduciéndose hasta el punto de que hoy nos podemos preguntar seriamente si las organizaciones informativas pueden seguir dedicándole el tiempo que le dedican.

Las webs no estan muertas. Pero les ha salido un competidor que les obliga a repensar su papel, el de las webs informativas en la era de las redes sociales como Twitter, Facebook o Instagram y de los canales de mensajería instantánea como Whatsapp o Telegram.

Basta que hagáis una prueba nada científica para comprobarlo. Pensad cuánto tiempo dedicáis al día a consumir información. ¿Lo habéis hecho? Pues ahora calculad cuánto tiempo les dedicábais hace tres años a leer las noticias accediendo directamente a las webs de los medios y pensad cuánto tiempo les dedicáis ahora.

En la mayoría de los casos, la respuesta va a ser coincidente: el tiempo que destinábais a navegar por las carpetas del escritorio de vuestro portátil lo dedicáis ahora a rastrear en vuestros teléfonos móviles de última generación el timeline de vuestra cuenta de Twitter y vuestro muro de Facebook y a echarle un vistazo a la noticia que alguien ha colgado en el grupo de whatsap que compartís con los padres del colegio o con los amigos y amigas del gimnasio.

No hay que ‘enterrar’ a las webs, al menos todavía

¿Significa eso que hay que pensar en presentarle el despido procedente a la web? En absoluto. Las webs siguen siendo indispensables para cualquier medio digital, tanto en términos editoriales como de modelo de negocio. Lo que ocurre es que su peso específico se ha reducido de forma drástica.

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Fuente: diario El País

La web, o para ser más exactos la portada de la web, ya no es el macho alfa de la manada periodística. Ese rol le corresponde ahora a cada uno de los artículos y formatos que mandamos a la guerra de la atención en las redes sociales.

Cada artículo se convierte en una portada en sí misma y casi en una web en sí misma.

¿Y qué quiere decir eso? Pues algo tan sencillo como que nos tenemos que preocupar mucho menos por lo que hagamos con nuestras webs y con las portadas de nuestros medios digitales y muchísimo más por la manera en la que presentemos y distribuyamos cada uno de nuestros artículos en esa feria de las vanidades en la que se han convertido las nuevas plazas públicas de las redes sociales.

Es lo que toca.