La marca personal sí que cuenta. El ejemplo de Rosa María Palacios

Rosa María Palacios. Fuente: blog de RMP

A través de un tuit de José Luis Orihuela me llega un análisis de un semanario peruano sobre la marca personal de la abogada y periodista Rosa María Palacios, un ejemplo de libro de una articulista que ha sabido trabajar su relevancia hasta el punto de que su blog de política peruana es un medio de comunicación en sí mismo y ella misma cuenta con una legión de seguidores en las redes sociales (en twitter, más de dos millones).

El análisis, firmado por Marco Eyzaguirre, pone el acento en características que son universales en todo aquel periodista que es capaz de generar una fuerte marca personal.

 

Rosa María Palacios es constante (publica cada dos o tres días) y “vende una postura”, algo que, si no me equivoco mucho, implica un par de cosas: 1. que se moja en los temas de los que habla y 2. que es capaz de generar una gran conversación en torno a sus artículos, calificados como “inflamables”.

El resultado es que Rosa María Palacios ha creado en torno a su marca una comunidad de lectores que sigue lo que escribe y que le permite ser a día de hoy una de las periodistas y blogueras más influyentes de su país.

¿Vive de eso? Directamente del blog parece que no (no he visto publicidad en un primer vistazo a su portal), pero Eyzaguirre subraya que el fortalecimiento de su marca le permite colaborar en otros medios que sí le generan negocio, en su caso una columna en un diario y la dirección de un programa de radio en Lima.

Haciendo memoria, su caso me recuerda al de periodistas españoles como Ignacio Escolar, cuyo blog, escolar.net, fue su medio de referencia hasta que éste empezó a alojarse en las grandes marcas que dirigió y dirige (Público y eldiario.es).

En todos estos casos, los periodistas han sabido captar cuál es el valor añadido de su marca personal y lo han sabido explotar en un ecosistema que permite que un simple individuo sea capaz de competir en igualdad de oportunidades con un gran medio en busca de la atención de los lectores. Algo impensable hace no tantos años.

Naturalmente, la mayoría de los que intentan hacer lo mismo no logran la relevancia ni de Rosa María Palacios ni de Ignacio Escolar u otros casos similares. Pero bueno, no me digáis que no es un buen ejemplo de que la marca personal sí importa a la hora de buscarse la vida en este negocio del periodismo. Cuanto más nos conozcan, mejor. Estamos en el negocio de la relevancia. Y el que mejor lo comprende, es el que termina ganando.

¿Por qué le llaman ‘contenido’ cuando se trata de información?

María Popova. Foto de la bloguera publicada en El País.

Me encanta este vídeo de María Popova. Se trata de una chica búlgara que se fue a Estados Unidos a estudiar en la Universidad y que, como cuenta en el vídeo, trabajó hasta en cuatro sitios a la vez para costearse la carrera. Uno de esos empleos era una agencia creativa de Filadelfia en la que coincidió con otros siete trabajadores. Un día, decidió enviarles un correo cada viernes en el que incluía tres piezas de conocimiento. Un tiempo después, ese mail para siete amigos se ha convertido en un blog con siete millones de seguidores.

María no comparte información, distribuye conocimiento… y sabiduría. Suena pomposo, pero es exactamente eso. Ella ha entendido que en un mundo interconectado hasta la saturación, la única manera de aportar valor añadido es mediante la distribución de contenido de alta calidad, un contenido que rastrea con determinación, disciplina y criterio en la red hasta encontrar las piezas que desea compartir con su comunidad.

Se trataría, pues, de una ‘curadora’ de contenidos de gama alta, una chef de tres estrellas Michelin que cocina y digiere los mejores alimentos recogidos en la huerta de internet para que el menú informativo de sus seguidores se aleje del fast food de las historias de consumo rápido que colonizan casi todos los portales del planeta mediático.

Una precisión más que comparto: abomina del término “contenidos”. Rechaza una industria que considera que cualquier ‘contenido’ puede ser una pieza informativa y que todo debe ser sacrificado en el altar de la viralidad instantánea, ése en el que triunfan medios como Buzzfeed o Vice con piezas propias de adolescentes que no han pasado de los vídeos de El Rubius.

Hacer periodismo es un oficio. Y generar contenido es otro. Respetable, pero con muy pocos puntos en común con el periodismo entendido en su acepción más ajustada, es decir, con aquél que aporta información de relevancia para la comunidad a la que presta sus servicios.

Popova, en realidad, no hace más que regresar al origen y principios del periodismo, situando al trabajo riguroso, honesto (y también entretenido y ameno: el periodismo no tiene que ser aburrido, más bien al revés) en el centro de su estrategia, y aprovechándose de las nuevas herramientas que están al alcance de cualquier periodista, herramientas que nos permiten a todos dos cosas:

1. Hacer mejor periodismo, sin dedicar todos los esfuerzos a llorar por la crisis que sufrimos.

Y 2. Acercarlo a donde están los lectores, sin importarle si es a a través de un blog, una newsletters, un portal informativo o a través de los canales sociales (facebook, twitter…) donde los ciudadanos/lectores/seguidores pasan la mayor parte de su tiempo.

En resumen, periodismo, información y ansia por el conocimiento para hacerse hueco entre tanto ruido.