Ciudadanos en busca de un periodismo que les sirva

Leo el siguiente titular en el siempre recomendable boletín semanal de noticias de periodismo de la Fundación Luca de Tena: “Un estudio de Reuters concluye que los lectores eligen las noticias por la relevancia que tienen en sus vidas”. Puede ser una obviedad, pero conviene recalcar la importancia de esta conclusión de los expertos de Reuters. En pleno éxtasis del click desaforado, de la compra ansiosa de tráfico en el mercado de las redes sociales y de los titulares frivolones a la caza del SEO, resulta que los lectores se detienen en aquellas informaciones que pueden ser importantes para sus vidas. Vaya, a ver si es que el periodismo debe responder a una necesidad real de sus usuarios…

Pudiera ser que quienes hayan respondido a las preguntas de Reuters sean como esos ciudadanos que declaran ser adictos a los documentales culturales de las televisiones públicas cuando en realidad son consumidores compulsivos de programas de telerrealidad (algo de eso puede haber si se echa un vistazo a los titulares más impactantes que aparecen con frecuencia en las listas de los más leídos de la web), pero aceptemos que dicen la verdad y asumamos que los lectores buscan en las noticias aquello que es importante para sus vidas.

¿Qué nos dice eso? Pues algo tan sencillo como que la mejor manera para que los medios de comunicación tengan éxito no reside en buscar el click por el click sino en centrarse en hacer un producto que les sirva a sus lectores. Y eso tiene un nombre: periodismo de servicios, que no es sólo contar cómo está el tráfico a primera hora de la mañana o si lloverá por la tarde, sino contar historias que ayuden a los lectores a comprender el mundo y a tener una opinión rigurosa y alejada de las estridencias partidistas sobre los asuntos que están en el debate público de las comunidades en las que viven.

Sólo así, desde esa concepción de los medios como prestadores de un servicio, lograrán ser útiles y, por tanto, imprescindibles en la dieta informativa de los ciudadanos a quienes se dirigen.

¿Deben los gobiernos seguir dando ayudas a las empresas periodísticas?

Retomo en el blog un par de preguntas que cada vez asoman con más fuerza en la industria del periodismo: ¿Deben los gobiernos y en general las instituciones públicas ayudar a los medios de comunicación a superar la crisis estructural que soportan y que se cobra en el día a día despidos y cierres?  Y segunda cuestión: ¿Y hasta cuándo?

Hay gobiernos que invierten cantidades nada desdeñables en planes de reconversión de la industria en la idea de que, si de verdad pensamos que un modelo de prensa de calidad es básico para cualquier sociedad democrática, hay que ayudar a que las empresas periodísticas que lo componen sobrevivan y sigan prestando un servicio que es esencial.

Estas ayudas son razonables en dos circunstancias. 1. En ciudades, regiones y hasta países donde el andamiaje periodístico se ha precarizado hasta el punto de que casi que no hay cabeceras que hagan la cobertura de sus lugares de referencia. Y 2. si se centran en apoyar la búsqueda de nuevos modelos de negocio que permitan a esos medios sobrevivir en el nuevo entorno digital y móvil en el que se relacionan con los ciudadanos. Si lo hace Google desde 2015, porqué no, por ejemplo, los Estados, más interesados que el gran buscador en que haya medios capaces de ejercer su responsabilidad en el nuevo contexto en el que nos movemos.

Estas ayudas, sin embargo, no deben generalizarse si se quiere evitar la tentación de que estos mismos medios terminen cambiando sus modelos, y no porque hayan encontrando alternativas viables a los sistemas tradicionales (grandes audiencias que sujetan el negocio de la publicidad), sino porque hayan hecho de las ayudas y de las subvenciones más o menos disfrazadas de publicidad institucional un modelo de ingresos tan atípico como peligroso en el largo plazo.

Las razones son editoriales y de negocio.

En primer lugar, en relación con las razones editoriales, subrayo un par de cuestiones:

  1. Los medios no pueden depender para su supervivencia de las ayudas, vengan de donde vengan, si a lo que aspiran es a mantener determinados estándares de independencia y de calidad. No digo que deban vivir en un nirvana lleno de arpas ceslestiales y alejado de los intereses políticos, económicos y sociales de su comunidad, pero sí que tienen que mantenerse a suficiente distancia de ellos o, al menos, no convertirse en uno más de esos intereses.

Y 2. Todos convendremos en que si dependen de los gobernantes de turno, sean quienes sean, su capacidad para fiscalizarlos disminuirá hasta casi extinguirse. Y en el peor de los casos, convertirá a estas marcas informativas en bandas de cornetas y tambores a mayor gloria de quien más les pague.

Y en cuanto a las razones de negocio, me limito a señalar una obviedad: si las compañías periodísticas se acostumbran a recibir esas ayudas y cuadran sus cuentas de resultados gracias a ellas, no van a encontrar los incentivos necesarios para explorar nuevas estrategias de negocio que les permitan ser sostenibles en el nuevo ecosistema. Si les dan pan para hoy, para qué van a buscar el de mañana…si no saben ni si habrá el pan que ellos han estado haciendo desde siempre.