Sobre el mito de los ‘Spotify’ del periodismo

Estoy muy de acuerdo con lo que dice David Chavern, presidente de la News Media Alliance, cuando sostiene que un Spotify para las noticias no es una solución para la crisis estructural que atraviesa la industria (tradicional) de los medios. Añadiría sólo que, a tenor de las experiencias de los últimos años, esa misma idea vale para cualquier proyecto de quiosco digital en el que se puedan leer un buen número de medios o artículos sueltos a cambio de una suscripción.

Las noticias no son canciones que escuchas una y otra vez en los cascos que conectas a tu teléfono móvil. Salvo en el caso de los textos de largo aliento y que no atienden a la actualidad más inmediata, se trata casi siempre de productos perecederos. En la mayoría de los supuestos, nacen y mueren en horas. Y eso está en las antípodas de cómo funcionan modelos de negocio como el de Spotify o, con algunos matices, el mismo de las plataformas de streaming como Netflix, HBO o Movistar.

Pero aparte de este hecho, hay otros dos factores que me resultan también claves para entender porqué es difícil que funcionen estas plataformas de noticias.

En primer lugar, no veo por ningún lado qué ganan las empresas periodísticas dándole el poder a terceros que se encargarían de distribuir las noticias. Ya sabemos, por la experiencia de los últimos dos años, que los medios no pueden depositar sus esperanzas de salir adelante en manos de gigantes como Facebook, Apple o Google. Entonces, ¿para qué darle este poder a otra plataforma, aunque supuestamente fuera controlada por los propios medios? ¿no choca este planteamiento con la idea de que las marcas informativas tienen que dedicarse a crear relaciones de confianza con sus lectores y a controlar sus propios procesos de distribución para no depender de terceros?

Y en segundo lugar, como le pasa a muchos, yo le encuentro valor a apuntarme a una plataforma para ver series o escuchar música, pero no le encuentro ese mismo atractivo a pagar una suscripción para apuntarme a un quiosco digital de noticias. Al menos ahora que la oferta libre es tan abundante… y tiene la misma calidad que la de estas potenciales plataformas.

Hazte la pregunta a ti mismo: ¿pagas por ver series o escuchar música? ¿y pagarías por un quiosco digital? Tal vez cuando los muros de pago de casi todos los grandes medios estén a la orden del día, haya un hueco para que estas plataformas puedan tener posibilidades de éxito. Pero, ahora, parecen una quimera.

Cuando la especialización funciona: el caso de Archdaily

Logo de Archdaily.com

Hace unos días charlaba con un alumno de periodismo al que le recomendaba que se especializara en cualquier asunto que le llamase la atención o le apasionase para buscar su hueco en el mercado periodístico y le decía que hoy en día te puedes encontrar con webs de cualquier tipo de temáticas que funcionan, sobre todo, por su constancia y su alto grado de especialización.

Hoy me encuentro de sopetón en El País con una prueba de hasta dónde se puede llegar si se focaliza el tiro y se hacen bien las cosas. Se trata de Archdaily, que ha pasado a ser la web de arquitectura más visitada del mundo por delante de las grandes publicaciones del sector y que fue fundada en 2008 no por periodistas, sino por dos jóvenes arquitectos chilenos, David Basulto y David Assael.

¿Qué tiene esta web que no tengan otras? Pues por lo que leo y veo, lo que tiene de diferencial es que es un inmenso repositorio de contenidos arquitectónicos en el que puedes encontrar prácticamente de todo lo relacionado con su sector. Una biblioteca de Alejandría de la arquitectura a un solo golpe de click. Un hipermercado repleto de ideas.

Y también, y aquí viene la explicación de cómo funciona su modelo  de negocio, un gran bazar en el que encuentras un inmenso catálogo de materiales de construcción que se pueden vender y comprar y en el que ellos se llevan la comisión de dinero correspondiente cada vez que se efectúa una transacción.

Cubren “una necesidad mutua: unos quieren vender y otros saber dónde encontrar los mejores materiales”. Dan una solución real a un problema real. Como si fuesen un portal de servicios. Y de este modo, han hecho de Archdaily el mayor punto de encuentro del mundo de la arquitectura, convirtiéndose en referencia inexcusable de su sector.

P.D.. Un ejemplo de innovación más, pero no de Archdaily sino de El País. Este artículo que os comento lo he encontrado en una sección que se llama #talentodigital en cuya cabecera, a la derecha, se ve claramente el logo de la marca automovilística Wolskwagen. O sea, que, salvo que yo me equivoque, se trata de un contenido patrocinado y pagado. Una buena y nueva manera de ganar dinero haciendo publicidad que aporta valor y que, por cierto, esquiva a los bloqueadores de publicidad.

A nuevos desafíos, nuevas soluciones. ¿O no?

La gota malaya de los socios de eldiario.es

Escuchamos tanto sobre las cifras de tráfico y de suscriptores de los grandes periódicos que cuando ahora llega uno como eldiario.es y nos anuncia hoy que han llegado a los 20.000 socios, puede que haya quien tenga la tentación de responder: ¿20.000 nada más? ¿tan sólo 20.000? Pues sí, 20.000, pero no “nada más”, sino “nada menos que 20.000”. Eldiario.es tiene sólo cuatro años de existencia y en este tiempo ha logrado esa cifra de socios y también 5,6 millones de usuarios únicos en el primer semestre de 2016 según Comscore. No está mal para un grupo de periodistas que se jugó sus ahorros y muy poco más.

 

Este portal informativo ha cumplido su objetivo de hacerse un hueco en el mercado con una propuesta de periodismo enfocado y anclado ideológicamente en la izquierda y con un modelo de negocio mixto en el que a la casa madre de la redacción central se le unen las franquicias regionales y una verdadera infinidad de portales temáticos especializados a la que ahora se unen acuerdos como el suscrito con The Guardian o compras como la de vertele.com que les ayudan a ganar tráfico. Todo un universo mediático en torno a una marca central. Y, por cierto, controlado por los periodistas fundadores del proyecto, lo que les permite ampliar su libertad editorial.

No es fácil lo que han logrado. Eldiario.es se dirige a un público comprometido y susceptible de pagar por un periodismo que se asemeje a lo que ellos reclaman. Pero para qué negarlo. Una cosa es tener potenciales suscriptores y otra cosa bien distinta es tener suscriptores de verdad. Y si además, a esos suscriptores se les dice que van a pagar para que los demás puedan leer todas las informaciones y opiniones del medio, las posibilidades de que esos potenciales y comprometidos socios te den un corte de mangas en la cara y se pongan de perfil a la hora de dar el número de la cuenta bancaria se multiplican de forma exponencial.

Ah, y una cosa más: te piden que te hagas socio igual que te lo piden unos cuantos medios más que se sitúan en su misma horquilla ideológica (de memoria, recuerdo ahora a los compañeros de Infolibre, a los de Contexto y a los de La Marea), con lo cual nos podemos encontrar con la situación paradójica de que hay una bolsa de lectores de esa determinada horquilla ideológica que sufren un verdadero bombardeo de ofertas de donaciones,  suscripciones y afiliaciones que no hay bolsillo que resista, salvo que me digáis que conocéis a mucha gente que está suscrita a cuatro o cinco medios digitales, en cuyo caso empezaré a pensar que tenéis unos amigos muy extraños.

El caso es que eldiario.es está creciendo. Poco a poco, como gotas malayas que suman una a una, han logrado una cifra estimable que socios que pagan a partir de cinco euros al mes cada uno de ellos para que el resto de los ciudadanos pueda leer eldiario.es. A cambio, además de la gratitud infinita y el aplauso de los periodistas que promueven el proyecto, tienen las noticias unas horas antes que los demás y poquito más.

A mi juicio, eldiario.es se ha movido en el alambre editorial propio de una apuesta arriesgada, pero con inteligencia, apostando por una propuesta informativa sólida y entendiendo que había un hueco entre un tipo de lector joven, inconformista y de izquierdas que estaba buscando una oferta periodística que ya no encontraba entre los medios de comunicación tradicionales más cercanos (El País).

Y si no lo creéis así, os invito a que veais algunas de las entrevistas que hicieron a los primeros socios del proyecto y que detectéis qué producto reclamaban estos lectores. Yo pongo siempre este vídeo en las clases que doy porque explica muy claramente lo que estoy diciendo.

Ese producto innovador fue eldiario.es, un proyecto hijo de un momento determinado de este país (15-M, movimientos sociales, la nueva izquierda…) y de la audacia editorial de un puñado de periodistas como Ignacio Escolar o Juan Luis Sánchez a los que la jugada editorial les ha salido más que bien, algo de lo que deberíamos alegrarnos todos los que creemos que todavía se puede hacer, como dice su lema, “periodismo a pesar de todo”. Enhorabuena. Y a seguir.

Un test para saber si es verdad que el periodismo de datos interesa: Datadista

Una entrevista en Voz Populi me ha permitido conocer algo más del proyecto que llevan entre manos dos periodistas españoles especializados en periodismo de datos. Se trata de Ana Tudela y Antonio Delgado y su propuesta se llama Datadista, un intento por hacer este tipo de periodismo fuera de los medios. Su lema es “datos y narrativas para salir del ruido” y cuenta ya en su web con algunos ejemplos de lo que aspira a ser: un medio que aporta datos bien digeridos y bien empaquetados con los que formarse una opinion que vaya más allá de los prejuicios, los tópicos y los juicios de valor preconcebidos.

Aquí va uno:

Me gusta el tono de la propuesta y también la manera en la que se aproximan al negocio del periodismo. Están convencidos de que hay sitio para una web de este tipo, pero no se advierte en ellos ese típico rasgo que encontramos en tantos nuevos medios que parecen haber reinventado el periodismo cuando todavía no han empatado ni contra un equipo de Regional.

Antes de contarnos que son imprescindibles, prefieren probar y comprobar antes si hay gente suficiente dispuesta a seguir su proyecto como para lograr la viabilidad del proyecto, si hay masa crítica a la que “tu producto le interesa”.

Qué queréis que os diga: puro sentido común que no abunda en este gremio. Y también un ejercicio imprescindible en un mercado como el español donde los lectores/clientes no paramos de denunciar lo mal que está el periodismo, con unas ciertas dosis de postureo y sin que la mayoría de nosotros esté dispuesta a pagar un solo euro por ayudar a hacer mejor periodismo.

De ahí la mala la salud de los periódicos de papel y tambien la tantos medios, sobre todo nativos digitales, que malviven por su apuesta por un modelo basado en donaciones y suscripciones que sólo llegan a cuentagotas.

A mi juicio, en el caso de Datadista, ese hueco que buscan existe. Y pueden ocuparlo. Pero en el negocio periodístico las intuiciones, las sensaciones y las percepciones valen de poco. Lo que cuentan son los números y éstos todavía no se conocen.

En tanto vayan llegando esas cifras, aquí os paso el vídeo de la entrevista de Voz Populi para que conozcáis un proyecto que merece la pena. ¡Suerte¡