Qué puede hacer un periodista para luchar contra las fake news

El periodista y profesor de Comunicación en Loyola Andalucía David Varona ha ofrecido en la sede en Sevilla de Corporación Tecnológica de Andalucía (CTA) un taller para periodistas muy práctico y solvente sobre fake news y verificación de las noticias titulado “Los medios después de Facebook. El periodismo en tiempos de fake news”.

Varona profundiza tanto en el análisis y diagnóstico del problema de las noticias falsas como en las respuestas que pueden darse contra ellas desde los medios de comunicación.

Os paso algunas de las ideas expuestas.

  1. Los bulos funcionan a una velocidad infinitamente mayor que los desmentidos que los desmontan. Y sus fabricantes son más rápidos que quienes luchan contra ellos. Toca asumirlo.

  2. Es aún más difícil luchar contra las fake news ahora que la conversación de los asuntos públicos se desplaza desde entornos públicos con una cierta vocación de transparencia a circuitos cerrados sin controles de verificación (ejemplo: los grupos de amigos y familias en whatsapp o los grupos cerrados de los partidos políticos en Facebook).

  3. Las redes sociales (en especial Facebook) tienen una cuota de responsabilidad en la distribución masiva de falsedades, pero no más que eso: una parte. Los responsables últimos son quienes escriben y hacen circular esos bulos a través de estas plataformas y, en muchos casos, se lucran con el tráfico de infamias.

  4. Si hablamos de dinero, no nos centremos tampoco en Facebook como si fuera la reencarnación del Satán más mentiroso. No es el único. Si nos fijamos en el rastro del dinero, veremos que la cadena viral de la fabricación industrial de las mentiras empieza en las empresas que las fabrican, sigue en Facebook, que es donde se viralizan y se comienza a ganar dinero (a a través de los anuncios de FB) y acaba en Google, que también recibe su porcentaje del negocio por los clicks que proporcionan estas noticias falsas.

  1. Los fabricantes de fake news siempre van por delante de quienes luchan contra ellas. Y esto no es nada si lo comparamos a lo que puede pasar cuando se popularicen las deep news, noticias falsas que usan audios e imágenes manipulados casi imposibles de detectar.

  2. La lucha contra las noticias falsas es también una oportunidad de negocio para quienes quieran emprender en la industria del periodismo. En España, los dos ejemplos más claros son Maldito Bulo y Newtral. Y David Varona hace también referencia a ejemplos como los de Full Fact (Gran Bretaña) o Basta Bufale (Italia).Y también hay herramientas de verificación al alcance de todos, como First Draft, Tin eye o Poletika.

Y, por cierto, Facebook también está logrando avances.

  1. Y, por último, unos consejos que David Varona ofrece a los periodistas y medios y que éstos deberían de recordar en su día a día.

/ Si quieres detectar una noticia falsa, atento siempre a la fuente de la noticia. ¿Quién la da? ¿Es un medio o una fuente fiable? ¿Confiamos en ella?

/ Cuidado con los pantallazos. Es muy fácil imitar el diseño de una web de un medio creíble.

/ Atento al astroturfing: hay fabricantes que se inventan personas falsas en las redes sociales para distribuir su mercancía tóxica (sí, ya lo sé, todo esto parece una distopía, pero es así).

/ Fijaros en las URL. Los creadores de fake news usan direcciones muy similares a las de los medios que tienen credibilidad.

/ No difundáis sin contrastar. Sí, es una obviedad, pero vivimos en una época en la que a muchos, también a los periodistas, hay que recordarles algo tan obvio.

/ No os quedéis sólo con el titular. No os sorprenderá si os digo que mucha gente sólo lee titulares. El resto, como si no existiera. Lo sabemos desde siempre.

/ Verificad fechas, comprobad las imágenes y los vídeos.

/ Y, sobre todo, trabajad con conciencia crítica. Si nosotros los periodistas no lo hacemos, qué ejemplo le daremos al resto de los ciudadanos.

No dejéis que la realidad os estropee un buen bulo (algunas propuestas contra las fake news)

Resumo algunas mentiras recogidas un día cualquiera en la cuenta de Twitter de Maldito Bulo, una empresa informativa que, por cierto, ha descubierto que luchar contra las noticias falsas es también un (modelo de) negocio:

  1. No, el teniente legionario y golpista Castejón no es el abuelo de Pedro Sánchez…Pérez-Castejon.

  2. No, Albert Rivera no se opone a que haya controles de droga en el Parlamento.

  3. No, Pablo Casado no ha tuiteado ni luego borrado que en Andalucía todavía quedan muchos enemigos de España y que los populistas se niegan a trabajar.

  4. No, Podemos no propone que todos los inmigrantes cobren 1.200 euros al mes, incluidos los ilegales.

  5. Recopilación de bulos sobre RTVE, entre ellos que Pablo Iglesias dirige los informativos y que la misa del domingo será eliminada.

  6. El revival del bulo de la prohibición del consumo de carne de cerdo y de jamón en los centros educativos.

Insoportable, ¿no? Pues así estamos todos los días a todas horas.

Siempre ha habido propaganda, intoxicación y desinformación. Pero ahora la oferta de noticias falsas tiende al infinito. Las fake news suelen ser burdas y hasta groseras, muy fáciles de identificar, pero, sin embargo, cuentan con la aceptación generalizada de una parte nada desdeñable de ciudadanos dispuestos a creer aquello que reafirma sus convicciones. Y cuando los bulos están más elaborados o son más sofisticados, entonces nos cuesta a todos distinguir entre lo que es verdad y lo que no lo es. Las deep fakes asoman. Y no es fácil identificarlas con precisión, sobre todo si, como digo, lo que afirman entra en nuestras coordenadas ideológicas y morales.

Trump en los Estados Unidos y su utilización compulsiva y manipuladora de Twitter; Bolsonaro y sus cadenas de whatsapp en Brasil o la misma campaña de los partidarios del Brexit en el Reino Unido son los ejemplos recurrentes que se ponen siempre para avisar de lo que se nos viene a todos encima. Pero hay muchísimos más. En todas partes y por todos los canales. El virus se ha expandido.

La ventanilla tóxica del whatsapp

En una ponencia del congreso digital de periodismo que se celebró la pasada semana en Huesca se afirmaba que prácticamente un tercio de la información que se movía en España se distribuía a través de whatsapp (sobre un 36%). Eso es más de un tercio de la industria de las noticias. Un tercio de la información circulando por un canal donde no hay intermediarios y donde no hay filtro de verificación alguno. Un canal por donde circulan compulsivamente cadenas de infamias y de manipulaciones que llegan directamente a los ciudadanos sin que nadie sepa hasta ahora cómo detener esta hemorragia de desinformación.

Pongo un par de ejemplos más de estas últimas semanas.

De un lado, recuerdo la reunión de altos directivos de Facebook con dirigentes de los principales partidos políticos españoles en las que se supone (si no es mucho suponer) que la red de Palo Alto les habrá garantizado que harán todo lo posible para que Facebook y Whatsapp (y en menor medida Instagram) no sigan siendo el mayor contenedor de mentiras de la historia de la humanidad.

Del otro, la decisión de la BBC de no darle cancha alguna en sus debates a los conocidos como los negacionistas, personas carentes de toda formación científica pero dispuestos a refutar todas las evidencias empíricas que sean necesarias para convencer de las bondades de sus teorías conspiratorias…y, literalmente, de sus bulos.

Hace poco más de un año escribí un artículo donde afirmaba que la mejor manera de combatir las noticias falsas era con el buen periodismo. Sí, me quedé corto. Los periodistas y los medios tienen que luchar contra esta plaga haciendo buen periodismo y ofreciendo productos de calidad. Obvio, ésta es su función, pero es evidente que con esto no basta. Hay que hacer más, muchísimo más. Y no sólo los medios, sino también los dueños de las plataformas y canales de distribución y, por supuesto, las Administraciones públicas.

Cada uno tiene su responsabilidad y debe ejecutarla.

  1. Los medios, haciendo el mejor periodismo posible, alejándose de la peor viralidad y trabajando en proyectos rigurosos en los que se pueda confiar. Pero, y lo pongo aquí como propuesta, abriendo también secciones fijas donde se combata a diario la profusión de noticias falsas.

  2. Las plataformas y canales como Facebook, Twitter y Whatsapp, asumiendo de verdad que están contribuyendo a la mayor expansión de morralla mediática de la historia y que no pueden eludir su responsabilidad y, por tanto, invirtiendo muchísimo más en verificadores y controladores de los contenidos que circulan en sus soportes.

  3. Las Administraciones, exigiendo y apoyando a medios y plataformas para que tomen medidas contra la desinformación y trabajando en proyectos de alfabetización mediática (¿tal vez desde las escuelas? ¿no se necesita una educación mediática igual que una educación vial?) y de concienciación de la ciudadanía (qué menos que usar las televisiones públicas para este cometido con programas específicos: yo propondría secciones fijas en los telediarios).

  4. Y, por último, los mismos ciudadanos, reconociendo que no pueden seguir compartiendo bulos en sus grupos de whatsapp y en sus muros de Facebook como si no hubiera un mañana.

  • He escrito este artículo tomando como base las ideas que he preparado para mi intervención en una mesa redonda sobre fake news celebrada en la Universidad Loyola de Andalucia. Desde aquí, mi agradecimiento a la institución, al moderador de la mesa, David Varona, a mi compañero de mesa Javier Blanco y, por supuesto, gracias por la invitación a Manolo Prieto, delegado de Atresmedia. !Enhorabuena por el acto!