Facebook se divorcia de los medios (y no hay vuelta atrás)

Mark Zuckerberg. Foto: The Verge

Facebook ha firmado los papeles de divorcio con los medios de comunicación y le ha dicho a sus abogados que se anden con pocas contemplaciones. No sólo se quiere separar de ellos; quiere que todos los habitantes del planeta social nos enteremos de sus intenciones. Y cuanto antes, mejor. Los medios ya no son bienvenidos en Palo Alto.

Por qué y qué consecuencias tiene.

En primer lugar, ha quedado demostrado que Facebook, en realidad, no sabe qué hacer con las noticias y han terminado por molestarle y por considerarlas una amenaza potencial para la fábrica de ganar dinero en que se ha convertido esta red social.

No ha sabido luchar contra las fake news, que le han terminado por crear un problema de imagen inabordable, y no ha proporcionado a los medios un ecosistema ‘amigable’ en el que recibieran ingresos a cambio de la cesión distribución de sus contenidos.

Lo explica bien en su blog Enrique Dans. Le ha fallado casi todo lo que diseñó para atraer a los periodistas y editores (Facebook papers, los instant articles …) y como las cuentas no le salen, ha decidido que ya no quiere ser el mayor editor de medios de la historia de la humanidad…pese a que un porcentaje cada vez mayor de lectores sólo se acerca a las noticias cuando se conecta a esta red social.

Zuckerberg igual se ha pasado de frío y de implacable con los medios (su conducta en este asunto me ha recordado al retrato asocial y distante que hacía de él Aaron Sorkin en la película ‘La red social’), pero quizás hasta puede terminar por echarles una mano…aunque sea a base de cortarle la otra.

Ahora muchos medios, sobre todo los que más dependen de Facebook en sus métricas de tráfico, andan llorando como en las tragedias griegas por el último revés, lamentándose de la expulsión del paraíso social de los likes.

 

Pero, a la larga, esto les vendrá bien, pues tendrán menos alicientes para seguir buscando el tráfico fácil de los clicks baratos y hallarán más incentivos para: 1. Generar contenidos de calidad con más paciencia y menos histeria. Y 2. Mejorar la relación con su comunidad, fomentando las redes de suscriptores (fijaros, por ejemplo, en las piezas que incluye El País en el detalle de sus noticias llamando a suscribirse a sus secciones, a sus newsletters o a su aplicación de noticias).

Si algo en claro podemos sacar de este nuevo episodio vampiresco de Facebook es que no es nada aconsejable para los medios de comunicación que centren casi todos sus esfuerzos en la distribución de sus contenidos en las plataformas sociales y, menos todavía, que supediten la viabilidad de sus modelos de negocio a su ligazón a una plataforma social.

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Lo importante sigue siendo la creación de una comunidad en torno a la marca periodística, sin abjurar de las redes, pero manteniendo el control sobre el grueso de los canales de distribución de los contenidos de esa misma marca.

Es una lección que los medios han aprendido a base de tortazos. Ah, y, por cierto, y también es una lección para quienes defendimos durante tanto tiempo que era mejor asumir la primacía de Facebook y de Google (aunque lo del motor de búsqueda es otra historia) y adaptar tu negocio a la red social para beneficiarse de ella. Estábamos equivocados. Toca admitirlo. Y toca otra vez adaptarse.

Ahora queda ver el cómo. Como dice Diego Santos en este artículo en La República, salvo casos excepcionales, la industria del periodismo se ha pasado más de veinte años a remolque de las empresas tecnológicas, yendo a salvo de mata, sin saber muy bien hacia dónde vamos y lamentándonos de lo mal que nos va.

No se trata, pues, de un problema coyuntural, sino estructural. Y como tal, requiere de una planificación que piense menos en lo urgente y más en lo importante. Es lo más difícil, más si cabe cuando aprieta las pérdidas, pero es que casi no se atisba alternativa alguna. No hay vuelta atrás. Pero no para Facebook, sino para los medios.

El periodismo necesita innovación, pero también volver a sus raíces

Pixabay.com

Como no puede ser de otra manera, os recomiendo encarecidamente que sigáis las jornadas del congreso de periodismo digital que se celebra estos días en Huesca. Se trata de una cita imprescindible para todos a quienes nos interesa el periodismo y se sigue con facilidad en el streaming que ha habilitado la organizadora de estas jornadas.

Allí seguro que se hablará de las noticias falsas que invaden nuestras redes sociales y nuestras cuentas de whatsapp, de Trump y el periodismo, del periodismo de datos, de la omnipresencia del móvil en la era de las pantallas, de la realidad virtual, del periodismo inmersivo, de nuevos proyectos y modelos de negocio y de todas esas cosas que se hablan en los congresos y en las páginas especializadas del sector.

Sólo les reclamaría algo a los organizadores de un congreso de tantísima calidad: que, si se tercia, hagan más hincapié también en las herramientas personales que debe tener cualquier periodista para desenvolverse en la profesión, incluidos aquellos que se apellidan como periodistas digitales a una altura de la historia en la que quien no es digital literalmente ya no es nada.

La innovación está muy  bien, pero conviene no olvidarnos de nuestras raíces, de lo que somos y a lo que nos dedicamos. Me explico: tengo la sensación de que últimamente hablamos mucho de todo lo que rodea al periodismo y bastante menos de lo que de verdad tiene que hacer el periodista. Como si nos importara más el continente que el contenido.

Y sí, es importante saber cómo se distribuyen y se consumen ahora las noticias y que exploremos nuevos formatos y narrativas para hacer periodismo, pero, desde mi punto de vista, a veces ponemos demasiado acento en la innovación, que es importantísima, y nos olvidamos de transmitir los principios y valores que hay que aprender para desempeñar un oficio que para muchos de nosotros es una vocación y también una pasión. Y digo yo que se podrán conciliar ambas perspectivas, ¿no?

Espíritu innovador, sí, pero también espíritu periodístico

A un periodista de hoy en día hay que pedirle que entienda cómo se distribuyen las noticias y que aprenda a hacer vídeos, gráficos o infografías, pero sobre todo hay que reclamarle que aprenda a buscar noticias y a poner contexto a la actualidad con honestidad, con rigurosidad y con sentido crítico. Y también hay que pedirle que lea mucho, que sea curioso y que cuide su escritura. O sea, que sea periodista en el sentido más humanista de la palabra. Igual así, de paso, además de estar a la última de la última en innovaciones y deslumbramientos tecnológicos, ganamos también algo en credibilidad ante los ciudadanos, que falta nos hace, y mucha.

Y dicho esto, no perdáis el tiempo y poneros a ver y escuchar lo que se dice en Huesca, que merece muchísimo la pena.

 

Cuando la especialización funciona: el caso de Archdaily

Logo de Archdaily.com

Hace unos días charlaba con un alumno de periodismo al que le recomendaba que se especializara en cualquier asunto que le llamase la atención o le apasionase para buscar su hueco en el mercado periodístico y le decía que hoy en día te puedes encontrar con webs de cualquier tipo de temáticas que funcionan, sobre todo, por su constancia y su alto grado de especialización.

Hoy me encuentro de sopetón en El País con una prueba de hasta dónde se puede llegar si se focaliza el tiro y se hacen bien las cosas. Se trata de Archdaily, que ha pasado a ser la web de arquitectura más visitada del mundo por delante de las grandes publicaciones del sector y que fue fundada en 2008 no por periodistas, sino por dos jóvenes arquitectos chilenos, David Basulto y David Assael.

¿Qué tiene esta web que no tengan otras? Pues por lo que leo y veo, lo que tiene de diferencial es que es un inmenso repositorio de contenidos arquitectónicos en el que puedes encontrar prácticamente de todo lo relacionado con su sector. Una biblioteca de Alejandría de la arquitectura a un solo golpe de click. Un hipermercado repleto de ideas.

Y también, y aquí viene la explicación de cómo funciona su modelo  de negocio, un gran bazar en el que encuentras un inmenso catálogo de materiales de construcción que se pueden vender y comprar y en el que ellos se llevan la comisión de dinero correspondiente cada vez que se efectúa una transacción.

Cubren “una necesidad mutua: unos quieren vender y otros saber dónde encontrar los mejores materiales”. Dan una solución real a un problema real. Como si fuesen un portal de servicios. Y de este modo, han hecho de Archdaily el mayor punto de encuentro del mundo de la arquitectura, convirtiéndose en referencia inexcusable de su sector.

P.D.. Un ejemplo de innovación más, pero no de Archdaily sino de El País. Este artículo que os comento lo he encontrado en una sección que se llama #talentodigital en cuya cabecera, a la derecha, se ve claramente el logo de la marca automovilística Wolskwagen. O sea, que, salvo que yo me equivoque, se trata de un contenido patrocinado y pagado. Una buena y nueva manera de ganar dinero haciendo publicidad que aporta valor y que, por cierto, esquiva a los bloqueadores de publicidad.

A nuevos desafíos, nuevas soluciones. ¿O no?

Google, Facebook y la publicidad que ya no volverá a los medios

Dicen que Facebook se está comiendo el mundo. No lo sé, pero lo que sí parece que se está comiendo es el negocio tradicional de los medios. A cada trimestre, un zarpazo en los ingresos por publicidad. Y si no sube más es porque ha llegado al punto de saturación: ya no tiene sitio para colocar tantos anuncios. El nirvana para cualquiera que se dedique a este negocio.

En realidad, su guerra no es la nuestra. La compañía de Palo Alto compite con el otro gran hermano en el planeta de la banda ancha: Google. Los medios son poco más que el chico de los recados de esa pelea. Se dedican a suministrarles contenido y a cambio les imploran  llegar a cuantos más muros de Facebook mejor.

Me voy a ahorrar las visiones apocalípticas. Para paisajes devastadores sobre un Mad Max que controlará el planeta como un Lex Luthor con sudadera ya tenemos a los gurús que anuncian cada dos o tres semanas algún tipo de plaga bíblica en la industria de las noticias.

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Marck Zuckerberg. Imagen: Telemetro.

Yo ya he dicho, y me reitero, que prefiero que las organizaciones de medios dejen de ver a Facebook con el recelo de los granjeros que vallan sus tierras para que no lleguen los lobos de las redes sociales y que es mejor adaptarse y trabajar con ellas.

No es tan esencial quién controla la distribución de las noticias como el modo de hacer rentables las audiencias. Lo que importa no es la autopista por la que circulen las noticias, sino que éstas lleguen a quien corresponde a cambio de una transacción para el que la produce. La tierra para el que la trabaja, pero en versión medios de comunicación.

Lo que nos debe importar, pues, es que nuestras noticias lleguen a los lectores. Y en la industria del click desaforado, a cuantos más, también mejor. Y si para eso hay que dar prioridad a las estrategias diferenciadas que se puedan seguir en Google y en Facebook, pues ya están tardando muchos editores en abrazar éstas con el furor de los conversos.

Eso sí, cuidado con olvidarse de lo esencial. Google y Facebook no son organizaciones filantrópicas que se desvelan por el futuro de los medios y los quieren mimar con cariño. Esto es un trueque en el que alguien da algo a cambio de algo.

Google y Facebook se quedan con las noticias y con la publicidad que antes llegaba a las empresas que producen estas noticias. Y a cambio, les proporcionan a estas compañías audiencias mucho mayores de las que podrían haber soñado jamás, pero ni por asomo ingresos suficientes como para hacer sostenibles sus proyectos en este nuevo ecosistema. De eso, piensan, que se dediquen los medios, que para eso ése es su negocio.

Si quieres, perfecto. Y si no, pues allá tú.

Que nadie espere pues un movimiento altruista. Los medios tendrán que seguir buscando nuevas vías de ingresos que sustituyan a una publicidad que ya va a ser muy difícil que vuelva a ellos. Y esas vías de ingresos no parece que vayan a venir de la mano de Google y de Facebook, sino de lo que se pueda cazar mediante el patrocinio de contenidos, los eventos o, por ejemplo, las suscripciones. Y si no, que alguien presente la factura desmintiéndolo.