Icono del sitio Juan Carlos Blanco

Recuerda cuando hables en público que no has venido a este mundo a sufrir

Hablar en público. Imagen tomada de El cronista

A menudo me preguntan sobre el miedo a hablar en público y suelo responder que hay una premisa básica con la que hay que trabajar: hay que restarle dramatismo al asunto, relativizar la cuestión y aparcarla cada vez que te asome por la mente.

Quienes hemos sufrido alguna vez miedo escénico sabemos que cuando nos dejamos llevar por el pánico, una de las sensaciones más acusadas (y también más absurdas) es la de que el mundo entero se ha dado cuenta de lo que nos está pasando y que no hay persona en el orbe que no esté murmurando sobre lo mal que lo estamos haciendo.

Bueno, pues que se os quite de la cabeza.

Y os digo porqué.

Primero, porque no es verdad. La gente está a sus cosas y no regodeándose del mal ajeno las 24 horas del día. Calma. El mundo seguirá girando al día siguiente de tu intervención y hay pocas probabilidades de que los telediarios vayan a inmortalizar tu supuesta pifia escénica. Baja el balón antes de que te vuele la cabeza y pon las cosas en su sitio.

Y segundo, porque si quieres que te salga bien una charla, un discurso o una intervención, tienes que fijar en tu cerebro la idea de que a este mundo no hemos venido a sufrir. Y menos, a sufrir por anticipado.

Si sales a un escenario pensando que toda la humanidad sin excepción se va a dar cuenta de tus nervios, lo único que vas a hacer es…ponerte nervioso. Así que respira hondo varias veces antes de empezar, piensa que lo vas a bordar por que tú lo vales y relájate, que no te van a sacrificar un altar destinado a los que entienden que dar una charla es lo mismo que quedarse encerrado en el museo de los horrores.

Siempre recuerdo lo que se cuenta que le dijo Johan Cruyff a los jugadores del Barcelona cuando éstos salieron al campo a disputar una final de la Copa de Europa. El holandés les soltó la charla táctica y luego les dijo: «Y, ahora, salid y disfrutad». Pues eso, salid y a disfrutad. Sé que no es fácil, pero se puede. Pues claro que se puede.

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