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Los nuevos ‘riders’ tienen un micrófono y son millonarios, pero sólo en seguidores

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Un extraordinario artículo de Héctor G. Barnés en El Confidencial (esa persona tan famosa de la que está hablando todo el mundo no llega a fin de mes) me hace detenerme en el bucle de precariedad, estrés y exigencias agotadoras que soportan muchos de los que intentan vivir de los contenidos que crean y que publican en sus canales y cuentas ubicadas en las principales plataformas de internet.

El oficio de comunicar es adictivo, pero tiene sus contradicciones si uno se deja llevar por la pasión y no es capaz de pasar su vocación y su trabajo por el filtro de un análisis templado, riguroso y despejado de clichés de lo que está pasando en nuestra industria.

Pensemos con tranquilidad en la cuenta de resultados de un número nada despreciable de periodistas,  comunicadores y creadores de contenido condenados a un precariado mediático por culpa de un sistema en el quienes ganan casi todo el dinero siempre son los mismos: las plataformas sociales.

¿Quién no conoce compañeros que sienten que tienen que publicar constantemente en estas redes para que les tengan en cuenta o para que piensen en ellos para una oportunidad de mayor estabilidad laboral? ¿Y profesionales que no cobran a cambio del santísimo grial de la visibilidad? ¿Y otros tantos que ganan por piezas cuatro o cinco veces menos que hace cinco, siete o diez años?

La era de las plataformas y las redes es fascinante y está repleta de oportunidades para quienes producen contenidos informativos y de entretenimiento, pero tiene un reverso de precariedad que echa para atrás.

Hoy en día, muchos creadores de contenidos son ‘riders’ que cambian la bicicleta por el micrófono y la pantalla y que tienen menos ingresos y derechos laborales que los personajes de las novelas de Charles Dickens.

Pensadlo: ¿han mejorado las condiciones de trabajo de periodistas y comunicadores con internet?

No soy un ludita, sino todo lo contrario. Abrazo las redes sociales y el poder de las plataformas para crear espacios en los que conversar, informarnos y entretenernos.

Pero sin deslumbramientos absurdos.

El modelo de las plataformas requiere de la producción ingente de contenidos con valor real cercano al cero para que éstas funcionen. Y eso requiere del enganche de millones de autores que publican sus contenidos, muchos de ellos con una periodicidad diaria, sin remuneración alguna.

Si lo haces porque te apetece o porque forma parte de tu estrategia de negocio, es perfecto. Pero si lo haces porque te has creído que todo el esfuerzo de miles de horas valdrá la pena porque llegará el día en que vivirás de tu canal, piensa que igual estás ingresando en el club de los precarios perpetuos, condenados a vivir en condiciones paupérrimas en las plantas más bajas del ascensor social.

El esclavismo no mola. Ni aunque tengas millones de likes o pienses que puedes comer y pagar la hipoteca de tu piso con criptofollowers o algo parecido.  😜

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