Icono del sitio Juan Carlos Blanco

Por qué Facebook empieza a caer tan mal

Parece un atrevimiento sostener que a una empresa le va mal cuando tiene dos mil millones de usuarios y es capaz de monitorizar el comportamiento de la mayoría de ellos para vender paquetes masivos de publicidad que siguen siendo terriblemente competitivos para los anunciantes, pero algo de eso le está pasando a Facebook, la red social matriz de la empresa ahora conocida como Meta.

Por primera vez, Facebook pierde seguidores y no aparece en el radar de las mejores expectativas de negocio de las grandes plataformas pese a los anuncios de mundos virtuales donde podremos huir de la realidad física y vivir la mejor de las vidas digitales gracias al Metaverso que nos salvará del contacto físico con los demás.

Pero Zuckerberg no sólo tiene un problema de negocio. También lo tiene de reputación. Facebook ya no es esa red cool donde charlabas con amigos y cotilleabas la vida de los demás. Facebook se ha hecho mayor y en su vida adulta ha destapado demasiadas miserias.

Ha mirado a otro lado mientras se utilizaban sus muros para campañas de desinformación y de odio donde se distribuían noticias falsas a granel y ha permitido la extracción masiva de millones de datos de sus usuarios haciendo trizas su privacidad a cambio de cantidades desorbitadas de dinero proveniente de la publicidad.

La compañía ha demostrado tener muy poca empatía. Y eso se paga con el apagón social.

El despotismo virtual de Zuckerberg ha calado en una opinión pública que se ha cansado del niño bonito de la industria tecnológica. La inteligencia artificial cambiará el mundo, pero el uso de los algoritmos sin atenerse a algunas de sus consecuencias le va a salir caro a los promotores del Metamundo.

El éxodo de los usuarios de Facebook es un hecho. Zuckerberg lo sabe y por eso apuesta por la mudanza a la irrealidad virtual. Quizás crea que allí no tendrá que someterse a las reglas del juego de la vida real. Si es así, se equivoca. La confianza es clave para cualquier negocio. En el mundo físico y en el virtual. Y si ésta se pierde, se destroza tu reputación y empiezas a aparecer como un antipático con el que nadie quiere estar.

A Zuckerberg ya le está pasando. Veremos hasta qué punto lo paga.

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