Icono del sitio Juan Carlos Blanco

No mires arriba…si hablas de periodismo y de política

La emisión en Netflix de la película ‘No mires arriba’ es un buen ejemplo de cómo una disrupción tecnológica cambia nuestra manera de consumir un producto, en este caso, una película de más de dos horas de duración. El impacto de este meteorito cinematográfico se ha visto en las pantallas de las televisiones de 42, 48 o 50 pulgadas de medio mundo y no en las de las salas de cine y eso ha permitido una conversación global que se ha desarrollado en tiempo real en las plazas públicas de las redes sociales. Si no viste la película la tarde del 25 de diciembre, te quedabas fuera de esa conversación. Y eso, a algunos les generaba la ansiedad de haberse perdido algo importante.

En la cinta dirigida por Adam McKay encontramos también argumentos para la reflexión sobre el periodismo y la política en esta sátira en la que se aborda hasta dónde se puede llegar en una sociedad contaminada por las fake news, la ignorancia, la desinformación, el infoentretenimiento y la política espectáculo más embarrada.

No cometo ningún pecado de spoiler si os digo que lo mas inquietante es que el retrato histérico y frívolo que hace no está basado en hechos reales, pero casi que podría serlo pese a lo surrealista del guión, centrado en la llegada de un meteorito capaz de destruir el planeta.

¿Ejemplos en la vida real? Ya ni nos sorprende que un tipo medio desnudo y con un sombrero a lo Daniel Boone asalte el Capitolio en Washington, que haya programas masivos de audiencia capaces de anteponer lo que le pase a los participantes en un concurso de telerrealidad a cualquier otro asunto o que las redes sociales hagan lo que les dé la gana con nuestros datos, datos que, por cierto, les entregamos gustosamente, a veces a cambio de un simple like. Y, además, nos parece hasta normal que la mentira pueda ser el eje central de cualquier estrategia política o mediática y que cualquier vocero manipule a la opinión pública con datos falsos y un relato que emocione.

La película refleja este contexto con un tono paródico y de trazo muy grueso, pero que se nutre de una realidad que ya no nos extraña. Nos hemos acostumbrado tanto a que el periodismo y la política se hayan convertido en gran parte en caricaturas de lo que eran que, por desgracia, ya nos lo podemos esperar todo. Del periodismo, por su debilidad extrema, y de la política, porque está cada día más agujereada de populistas y demagogos más proclives al desahogo bilioso que a la reflexión.

Y lo peor es que vamos a peor y que si no paramos esta deriva absurda y conspiranoica, un día correremos el peligro de pensar que una sátira tan grotesca como la de ‘No mires arriba’ es en realidad un documental riguroso de los que uno se espera de la BBC. Sí, ya sé que esto que acabo de contaros es una exageración, pero como sigamos así…🤦🏻🤦🏻🤦🏻

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