Las seis C que nunca deben faltar en una estrategia de comunicación


05/11/2021


La comunicación en las empresas, en las instituciones y en las organizaciones políticas, sociales, económicas y de cualquier otra naturaleza responde en líneas generales a planes que persiguen convencer a los ciudadanos de las bondades de quienes planifican y emiten sus mensajes.

Trasladamos una idea y nos afanamos para que los usuarios o clientes se fíen de nosotros y nos compren el producto o el servicio que queremos vender. Queremos ganarnos el derecho a ser escuchados y para eso empleamos estrategias de comunicación y de posicionamiento que nos permitan convertirnos en empresas amigables en las que se pueda confiar.

Ya he escrito de ellas en artículos como Seis pasos para tratar una estrategia de comunicación para tu empresa o en Diez consejos para comunicar en la era Zuckerberg.

Cualquier estrategia es válida mientras se desarrolle en un marco en el que se respeten determinadas reglas éticas de juego, pero conviene no perder también el referente sobre los intangibles que son claves para que una estrategia sea buena, mala o medio pensionista.

Por resumirlos de alguna manera, me referiré aquí a ellos como las seis C de la comunicación en esta época en la que lo emocional prima cada vez más sobre lo emocional.

Por aquí van👇

▶️ Coherencia. Los mensajes tienen que estar alineados con las acciones. En ocasiones, sobre todo en la política, vemos que lo que se dice no se corresponde con lo que se hace. A corto plazo no penaliza, pero en el medio y largo sí. La confianza se erosiona y el recelo se adueña de la situación. El impacto de quien sufre una crisis de coherencia es devastador. Ya puede contar las verdades de todos los barqueros que la gente no le creerá.

▶️ Comprensión. El lenguaje barroco, alambicado y pomposo es una reliquia. Hoy, menos es más. Los ciudadanos tienen el derecho a un lenguaje preciso y claro. Ser sencillo no es ser simplón, es ser capaz de atrapar la sustancia de una compañía, de una empresa, de un partido,de un líder o de un producto con muy pocas palabras. Hagámonos un favor a nosotros mismos: seamos claros. Es la mejor manera de comunicar.

▶️ Conversación. Las marcas responden a quienes les interpelan y conversan con ellos. La comunicación de un solo carril ya no es posible en las plazas sociales donde se mira, se charla y se discute. Las empresas no pueden ser ajenas a esa conversación ni se pueden poner el casco de Marc Márquez para no tener que escuchar qué dicen de ellas. Las marcas aquejadas de una sordera social terminan expulsadas del mercado. Hay que entender las nuevas corrientes climáticas de la opinión pública.

▶️ Complicidad. Si una marca es coherente en lo que dice y hace, es clara y conversa con su audiencia, está en puertas de convertirse en un cómplice de su comunidad. Da un paso más en la relación con unos usuarios a los que empieza a poner nombre y apellidos. Le pone carne y hueso a su estrategia de comunicación y establece lazos que van más allá de una relación cuya naturaleza trasciende los esquemas de las transacciones mercantiles.

▶️ Credibilidad. Una consecuencia de todo lo anterior. No se logra la credibilidad en un par de tardes, aunque se puede perder en una mala tarde. Es un proceso, un camino en el que se actúa con honestidad practicando el resto de las C de la comunicación. La credibilidad es una inversión de largo plazo que te sirve para soportar mejor una crisis o para ganar enteros en cualquier competencia con tus adversarios.

▶️ Confianza. La clave de todo. El objetivo de todas las estrategias. La obsesión de todo el que quiere comunicar algo. La confianza no se presta al primero que la pide. Hay que ganársela. Y para lograrla, no valen los atajos sino la actitud con la que se afronten los desafíos y la rigurosidad y la buena fe con la que nos manejamos.

Si logramos manejarnos con estas seis C, crece la posibilidad de mejorar en el cumplimiento de nuestros objetivos. Entre otras razones, porque es la manera de ponerle alma a las cifras, los números y los datos. Y eso siempre merece la pena.



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