Icono del sitio Juan Carlos Blanco

El problema de (algunos) periodistas deportivos no es ni Ibai, ni Twitter ni los youtubers

La entrevista concedida por Leo Messi al canal de Twitch del comunicador Ibai Llanos con motivo del fichaje del argentino por el Paris Sant Germain ha agitado el debate sobre el estado del periodismo deportivo en España. Algunos han querido ver en la entrevista un ejemplo paradigmático de cómo han cambiado las reglas del juego de la comunicación y otros se han centrado más en cómo un chico de Bilbao armado con un canal de YouTube y una cuenta en Twitch ha logrado hacerse con entrevistas a deportistas del más algo nivel por encima de unas vacas sagradas del periodismo patrio que supuestamente habrían despreciado al youtuber vasco.

Conviene que centremos los debates. En primer lugar, es absurda la discusión sobre si Ibai Llanos hace o no hace periodismo y sobre si usurpa o no usurpa el papel de los periodistas con sus conversaciones exclusivas con estrellas deportivas del más alto nivel como Messi, Piqué, el Kun Agüero o Marc Gasol. Lo ha dicho él mismo. Ni es periodista ni lo pretende. Ibai es un estandarte del entretenimiento digital. Y es exageradamente bueno en lo que hace. Es un comunicador que aprovecha los nuevos canales de conversación social para conectar con su generación con un desparpajo y un sentido del humor que conecta con millones de personas, como bien sabemos, por cierto, la mayoría de quienes tenemos hijos adolescentes.

Además, tampoco es nuevo que las estrellas busquen espacios relajados donde conversar y trasladar sus mensajes. En esta era de la desintermediación en la que políticos, artistas, empresarios y deportistas se comunican con sus públicos a través de las redes sociales, a nadie se le escapa que formatos como el de Ibai cumplen con una doble función: ayudan a colocar esos mensajes sin necesidad de pasar por el filtro periodístico y consolidan la marca de los entrevistados en un público que cada vez se acerca menos a los medios tradicionales. Y, por cierto, si os fijáis, Ibai en realidad lo que hace en sus entrevistas es seguir el estilo de Bertín Osborne en sus programas de televisión: entrevistas edulcoradas en las que el entrevistado sabe que no está ante el típico periodista inquisitivo que le va a sonsacar el titular que no quiere dar, sino ante un tipo que le va a hacer sentirse muy cómodo y le va a dejar hacer y deshacer.

¿Significa esto que estamos ante un cambio de paradigma en el periodismo y, en particular, en el deportivo? Pues en parte, sí, pero no nos dejemos llevar por el tremendismo. La industria del periodismo atraviesa una etapa de transformación disruptiva que está arrasando los modelos de negocio clásicos. Las grandes marcas tradicionales conviven ya con medios nativos digitales muy potentes y con marcas periodísticas personales que son capaces de competir por las audiencias en busca de una publicidad que, por cierto, se está yendo aceleradamente a Google, a Facebook y a otros actores de la nueva economía del entretenimiento digital.

Y todo esto ocurre en un momento en el que esta misma competencia por posicionarse en la industria del entretenimiento digital está originando, en paralelo, una guerra feroz por los derechos de emisión de los partidos de fútbol que está detrás de conflictos como el de la Superliga o el de la entrada de un fondo de inversión en la Liga de Fútbol Profesional.

Pues bien, en este contexto, nos encontramos con que este verano vivimos una de las noticias más importantes de la historia reciente del fútbol, que es la salida de Messi, y resulta que quien desvela y hace públicos los problemas financieros del Barça es un asesor fiscal y youtuber madridista, Ramón Álvarez de Mon, y que quien le hace la entrevista a Messi es un chico idolatrado por los jóvenes que trabaja en sus propios canales de internet.

¿Y qué ha pasado con una parte nada minoritaria de la prensa deportiva tradicional? Pues que ha estado literalmente en Babia, ejerciendo más de hooligans y de palmeros que de periodistas y demostrando un desconocimiento mayúsculo de lo que estaba pasando. Les han comido literalmente la tostada, sobre todo a quienes han entendido que el periodismo deportivo es también un espectáculo y se han ‘chiringuitizado’, convirtiendo algunos espacios y programas deportivos de televisión y de radio en remedos muy poco afortunados del loco mundo de los payasos.

Ya hablaremos otro día de esa pele entre los dinosaurios periodísticos y los nuevos periodistas/analistas a los que despectivamente llaman panenkitas que están ejerciendo desde sus canales de YouTube, Twitch y desde sus cuentas de Twitter un periodismo mucho más riguroso que el que podemos ver y leer en algunos medios tradicionales, pero que al que menos quede ya clara una cosa: el problema del periodismo deportivo ni es Ibai, ni es YouTube ni es Twitter.

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