Icono del sitio Juan Carlos Blanco

Demasiados Mourinhos y pocos Zidanes…o porqué los liderazgos duros tienen tanta buena prensa

Leyendo una entrevista muy sugerente en el suplemento salmón de El País a Almudena Eizaguirre, directora general de la escuela de negocios de Deusto, en el que reflexiona sobre el liderazgo humanista que debería extenderse en el mundo de las empresas, me he acordado de un problema muy llamativo que se detecta en este ámbito.

A la hora de gestionar una organización y de transmitir y comunicar la convicción de un proyecto, las empresas abogan por discursos de Zidanes en los que las palabras clave suelen ser aquellas que aluden al diálogo, la colaboración, la empatía y al trabajo en equipo, pero, cuando las cosas vienen mal dadas, muchas aún prefieren que las guíen los Mourinhos de siempre, guerreros bravíos que señalan el camino a sus tribus como si se tratara de conquistar América a base de reflujos de testosterona.

Al CEO Mourinho se le ve de lejos. No abandona su papel de macho alfa de la manada ni los fines de semana. No empatiza, ejecuta. Y hace de la belicosidad su bandera. Confunde la exigencia con la vehemencia. Y exige lealtades irracionales. O conmigo o contra mí. O de los míos o de los otros.

En comunicación, se obsesiona con localizar enemigos, ya sean reales o imaginarios, que les ayuden a construir un relato redactado con una mezcla compulsiva de testosterona y victimismo. Su poder persuasivo le permite convencer a los suyos de que se van a comer el mundo, aunque el mundo no los quiera. Pinturas de guerra, lenguaje primario y una actitud casi histriónica.

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¿Una caricatura de la realidad? Tal vez, pero no se trata de una figura del pasado. Los liderazgos duros tienen buena prensa. Incluso mejor prensa que los empáticos, tildados de blandos y dejados. Sin embargo, en esta era en la que el Big Data se ha convertido en la reina del nuevo tablero de las empresas, estos datos científicos no avalan esta percepción de fuerza de los CEO Mourinhos.

Igual que en el Madrid, Del Bosque, Zidane o Ancellotti han ganado copas de Europa, mientras que Mourinho no lo logró; en el mundo de las empresas no hay evidencias científicas de que los líderes agresivos tengan más éxito que aquellos que prefieren explotar el talento de los suyos sin perder la buena educación.

Los liderazgos deben tener siempre personalidades fuertes y capacidad de convicción y de transmisión de las ideas que se quieren llevar adelante, pero no está escrito en ninguna regla sagrada que exijan personalidades mega dominantes que hagan de los centros de trabajo campos de batalla sólo aptos para los más fuertes.

El darwinismo no funciona aquí con esas normas. Es más, en este tiempo donde tanto cuesta retener a los buenos profesionales, parece más bien que es al contrario y que los mejores talentos acampan allí donde les tratan bien. Quizás por eso, a muchas empresas les convendría comunicar mejor no sólo los resultados que logran, sino el modo en el que lo consiguen. Lo he dicho en alguna otra ocasión: ser empático cotiza al alza. Y funciona. Claro que funciona.

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