Los consultores políticos no son maquiavelos (aunque alguno lo parezca)


05/05/2021


Hace un par de semanas leía con interés un intercambio de ideas muy estimulante a cuenta de un artículo de opinión publicado en El Confidencial por el catedrático de Derecho Constitucional Francesc de Carreras –¿Gobernados por una consultocracia?– en el que arremetía contra aquellos consultores políticos que estarían arrogándose competencias que no les corresponden y tratando a sus clientes y jefes como si éstos fueran marionetas controladas por algún Maquiavelo demasiado influido por las series de Netflix o de HBO.

Le respondía, poco después, en las mismas páginas de El Confidencial, la presidenta de la Asociación de Comunicación Política (ACOP), Verónica Fumanal, quien refutaba las acusaciones y ponía realidad donde, quizás, hay también algo de leyenda urbana. Por resumir, decía Fumanal que las generalizaciones son también aquí injustas y que, en política, quienes toman las decisiones y marcan los objetivos son los políticos, no sus asesores.

Un consultor de comunicación política aconseja, asesora, diseña y ejecuta estrategias informativas, pero no tiene esa última palabra casi omnímoda que le atribuyen algunos.

Es un profesional que cumple con una labor que cada vez es más necesaria en estos tiempos de política ansiosa y en tiempo real en la que los eslóganes de consumo rápido han sustituido a las ideas.

Pero es sólo eso, si acaso un artesano que sabe manejarse en terrenos que para otros son cenagosos, más aún ahora que los parlamentos parecen haberse desplazado a las plazas públicas de las redes sociales. Aporta un valor añadido y para eso le contratan, pero, salvo en algún caso que a todos se nos viene a la mente, no es un Rasputín armado con un móvil y unos cuantos bots que confunde su lugar en la corte de la política.

La zascacracia

Francesc de Carreras tiene su parte de razón. La deriva de las campañas nos puede hacer pensar que estamos soportando también una pandemia de spin doctors más obsesionados con ganar las batallas de los relatos y los zascas que con ayudar a ganar unas elecciones. Lo estamos viendo y soportando en Madrid, donde las luminarias castizas de Occidente parecen obligar a los madrileños a elegir entre el comunismo, la libertad, el fascismo y la democracia (ahí, con un par…de marcos mentales).

Hay mucho de fantasía animada de ayer y de hoy en esto que se dice de que hemos dejado la política en manos de unos asesores con ínfulas y ambiciones desatadas que manejan a la opinión pública con sus conjuros hechos a base de big data y de eslóganes deslumbrantes.

La mayoría de quienes se dedican a este oficio no son aprendices de Napoleones dispuestos a conquistar tierras rusas si se lo permite el presupuesto. Comen en la casa de los políticos, pero no mandan sobre ellos. Y si alguno sí manda, perdonadme que os diga, entonces es que no es un consultor político, sino un político a secas, que es otra cosa bien distinta. Y a los hechos me remito.

P.D. Acabo de ver esta maravillosa humorada que firma el politólogo Fran Delgado que reúne con todo el arte todos los clichés que rodean a esta profesión.👇



Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.