¿Te irías de Twitter con un millón de seguidores?


02/11/2020


El periodista deportivo Julio Maldonado, Maldini, ha publicado algunos comentarios en Twitter en los que deja ver su cansancio por los ataques cada día más agresivos que recibe en esta red social y en los que muestra su intención de abandonar esta plataforma. Maldini tiene casi un millón de seguidores en esta red, publica con muchísima asiduidad y aporta valor a quienes le leemos con sus análisis fubolísticos en los que mezcla su información enciclopédica con juicios muy atinados y generalmente mesurados.

Yo no le conozco más allá de lo que le sigo en sus colaboraciones periodísticas y en sus canales sociales, pero da la impresión de que es un muy buen profesional que no le tiene especial querencia a los conflictos y que está muy alejado del perfil de hooligan exaltado que empieza a proliferar en las redes sociales y en algunos programas de televisión. Ha convertido su pasión en su oficio y lo disfruta haciendo disfrutar a los demás. Bueno, a la inmensa mayoría.

Es fácil comprender a Maldini. Como cualquiera que no le guste ir a la guerra de lunes a domingo, este periodista se debate entre la convicción de que Twitter es una herramienta extraordinaria para fortalecer su marca personal y generar una comunidad de lectores que le ayudará a seguir creando productos en torno a su manera de entender y vivir el periodismo deportivo y la idea, cada vez más asentada, de que Twitter se ha vuelto insoportable por el aumento de la polarización, la crispación y la agresividad y que se ha terminado convirtiendo en una taberna virtual de pendencieros con las neuronas un tanto desquiciadas.

Yo soy un adicto a Twitter, pero le entiendo. Es más, como le sigo y he leído en más de una ocasión algunos de los comentarios que le dedican, a veces he llegado a pensar que Maldini está tardando demasiado en mandar muy lejos a todos estos tarados que se dedican a derramar su bilis en las redes como si no hubiera un mañana.

No me estoy refiriendo a los que le acusan de ser madridista, barcelonista o del Logroñés en función de lo que opine sobre una u otra jugada polémica, que eso forma parte de este negocio y hay que asumirlo, sino a los que son capaces de desearle lo peor como ser humano, a los que le insultan o denigran y a los que le amenazan con todo tipo de improperios que en ocasiones entran de lleno en situaciones que el Código Penal califica hasta de delictivas.

Twitter se ha llenado de Torquemadas justicieros dispuestos a quemar en su hoguera a quienes disientan de ellos. Y en el ámbito del periodismo deportivo, hay demasiada gente dispuesta a encender el fuego para quemar en la pira a sus demonios particulares. Quizás la respuesta a estos linchamientos sea el bloqueo, la desactivación de las notificaciones o lo que se quiera, pero la conclusión es triste. Los odiadores se han adueñado de un espacio público como Twitter y obligan a los moderados a huir de ellos para evitar estos linchamientos perpetuos. ¿Debe Maldini dejar que estos locos le expulsen? No debería, pero como para no entenderle.



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