Un GPS para comunicar en las empresas: los ODS


11/05/2020


La pandemia nos ha cambiado. La fragilidad, el temor y la incertidumbre crecen hasta niveles insoportables y nos obligan a replantearnos qué hacemos y cómo comunicamos lo que hacemos. Necesitamos ser visibles y convencer a los demás de que somos auténticos y nos comprometemos con ellos. Sobre eso ya he escrito en más de una ocasión en las últimas semanas. Hoy me centraré en una de las herramientas que puede servirnos de referencia en la búsqueda de ese Santo grial del compromiso y la autenticidad: los ODS.

Las siglas de los ODS responden a los Objetivos de Desarrollo Sostenible que ha marcado Naciones Unidas como meta de la sociedad global de aquí a 2030. Los ODS no responden a un concepto vacío que pueda utilizarse como una versión premium y glamurosa de la responsabilidad social corporativa que se le exige a las grandes empresas e instituciones.

No es mera carcasa para estrategias de marketing vacías de alma. Por el contrario, seguramente sean la respuesta más seria que tengamos a mano, también en nuestros entornos más cercanos, para desarrollar políticas sostenibles en materias tan dispares como el medio ambiente, la educación, el urbanismo, la igualdad y un larguísimo etcétera. Y los gobiernos se lo están tomando en serio, promoviendo promoviendo que las empresas los cumplan.  

Los ODS son, pues, el nuevo GPS de la humanidad para esta década de miedos virales que tenemos por delante. Y conviene que las compañías los tengan en cuenta a la hora de trabajar la comunicación y la estrategia de reputación de sus marcas.

El primer objetivo de una empresa privada es ganar dinero. Conviene no esconderse detrás de fariseísmos adolescentes. Pero las empresas, hoy más que nunca, si quieren tener buenos resultados, necesitan ganarse la confianza de unos ciudadanos que cada vez son más exigentes con las marcas.

Ya no basta con vender un buen producto, bien o servicio. También hay que demostrar compromiso con la sociedad si no se quiere sufrir un problema de rechazo social. Los ciudadanos lo reclaman. Y enjuician en las redes sociales y en los medios a quienes tienen un comportamiento que se adecúa con los principios y valores que comparte la comunidad.

Comportarse como un ermitaño asocial se paga

Se puede tener éxito sin compartir esos valores, pero, a la larga, es difícil que esta falta de sensibilidad no lastre las cuentas de resultados de la empresa. El egoísmo también se termina pagando en los balances. Y comportarse como un ermitaño asocial, también.

Como le ha ocurrido a otros sectores sociales como el de la política, la cultura, los empleados públicos, el periodismo o los sindicatos, la imagen de los empresarios sigue siendo víctima de los clichés, los tópicos y los prejuicios de una sociedad como la española que en muy pocas ocasiones les ha tenido como modelos de conducta o de referencia.

Es una realidad que hay que asumir con sensatez y sin fatalismos. Las percepciones son las que son. Pero se pueden cambiar. Quizás éste sea uno de sus momentos. Y quizás si incorporamos algunos de esos ODS en la estrategia general de la empresa y lo comunicamos a los ciudadanos con sinceridad y sin alardes ostentosos o huecos, lograremos mejorar la reputación de nuestras marcas.

ODS ‘auténticos’

Pero, por favor, si lo vais a hacer, que sea porque os creéis esos objetivos y queréis ser una empresa socialmente responsable, no porque os hayan dicho que hay que parecer una empresa socialmente responsable. Tienen que estar en el alma de la empresa, desprender autenticidad y ser compartidos por la mayor parte de los hombres y mujeres que formen parte de vuestros equipos.

Así, los ODS podrán ayudar a las empresas a entender mejor las preocupaciones sociales de este nuevo mundo que nos ha llegado de repente y a reconectar con los principios y valores compartidos con los ciudadanos. Serán, como digo, vuestro GPS. Y os ayudarán, que no es poco, a mejorar la percepción que tienen de vosotros.      



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