Siete recomendaciones para ponerte a trabajar cuanto antes en tu marca personal


03/02/2020


Juan Carlos Blanco

La disrupción que se vive en la comunicación está cambiando a las empresas y a las instituciones públicas y privadas, hoy más que nunca preocupadas por tener una buena reputación o, al menos, por protegerse ante la posibilidad de que una mala tarde arruine la confianza que te has ganado a lo largo de años y de décadas. Pero la gran disrupción no sólo alcanza a las marcas sino que afecta también de lleno a las personas. Y eso nos hace preguntarnos qué podemos hacer para mejorar eso que ahora llamamos marca personal. En suma, cómo tenemos que trabajar y cómo nos tenemos que mostrar para que los demás sigan confiando en nosotros.

Quizás lo primero de todo sea centrar el análisis. La mejora de la marca personal no va de ser más cool en una red social (eso dejádselo a los influencers que viven en una permanente hoguera de las vanidades), de centrarse en una búsqueda fanática de seguidores propia de los obsesionados con el SEO o de convertirse en una persona aquejada de una especie de síndrome de la teletienda, dispuesta a darle su tarjeta de contacto profesional hasta a los amigos de sus hijos.

En todo caso, y por empezar, en la mejora de la marca personal lo que es clave es la comprensión de cómo ha cambiado el mundo y de la necesidad de entender que en esta era si no comunicas…alguien va a comunicar por ti, y tal vez no tenga buenas intenciones contigo.

Este mundo ya no es el que era

Si queréis transmitir una idea, vuestros intermediarios con los ciudadanos ya no son sólo las televisiones, los periódicos y las radios, que, por cierto, siguen siendo importantes por su capacidad para prescribir qué es noticia y qué no lo es.

Ahora, podéis relacionaros también con ellos de forma directa en redes sociales como Facebooke, Twitter, Youtube o Instagram,en canales como Whatshapp o Telegram o en cualquier aplicación que uséis en el cuartel general de vuestras acciones y estrategias: el teléfono móvil.. Y también podéis dirigiros a ellos con nuevas herramientas y soportes como el vídeo o el podcast y hasta con algunas que están resucitando, como por ejemplo las newsletters.

Las oportunidades crecen, pero también los peligros

Las crisis llegan ahora en tiempo real y se expanden como epidemias globales sin que importe si su origen es veraz o es fruto de alguna de las miles de noticias falsas que circulan por las redes y los grupos de whatsapp en esta era de la desinformación capaz de cambiar gobiernos y destrozar en cuestión de horas la reputación de cualquier empresa.

Y los linchamientos digitales se reproducen cada vez con mayor frecuencia, convirtiendo algunas redes como Twitter en un Estado de Torquemada para indignados por casi todo.

Pues bien, este es el nuevo territorio en el que nos movemos y en el que tenemos que trabajar por captar la atención y la confianza de los ciudadanos. Un terreno que, además, está saturado (es más propio de un hipermercado que de una tienda gourmet) y en el que esa captura de la atención y de la confianza se hace cada vez más difícil porque a nosotros mismos nos cuesta más concentrarnos en algo: somos unos dispersos digitales que preferimos un tuit o un episodio de Netflix que la lectura de un libro extenso o que un periódico.

Esto no es una crítica sino una aceptación del principio de realidad, indispensable para elaborar una estrategia de comunicación coherente para la marca de cualquier empresa e institución y también para la de cualquier persona.

Adáptate (no te queda otra)

Si queréis trabajar vuestra marca personal en la comunidad (hablo principalmente de redes sociales), debéis adaptaros a vuestro entorno y no esperar que sea ese entorno el que se adapte a vosotros. Y, por supuesto, hay que aceptar las nuevas reglas del juego de la comunicación.

  1. Lo más importante sigue siendo aportar valor, es decir, que seía útiles. Lo sé, es de sentido común. Una obviedad gigantesca. Pero también es algo que se olvida con frecuencia. No os van a comprar por lo que sois o por lo que decís que sois, sino por lo que aportáis. Así que preocupaos por aportar valor cuando os mostréis en público. No hace falta que reformuléis la ley de la relatividad de Einstein ni que despejéis interrogantes milenarios de la humanidad. Basta con que, por ejemplo, compartáis buenos artículos que puedan serles útiles a los demás.
  2. Centraros en alguna materia. Y, si es posible, que ésta os apasione. Es bueno que le pongáis un adjetivo profesional a vuestro nombre, que cuando se refieran a vosotros tengan en mente en qué os habéis especializado, en qué sois expertos, por si algún día necesitan de vuestros servicios.
  3. Identificad a vuestra comunidad. Esto está ligado con el punto anterior. Estamos en la era del big data… y del pequeño data. Todo se mide. Incluso la reputación. Medid quiénes os siguen, cómo son, de dónde vienen, qué les interesa. Y trabajad vuestra propuesta de valor en función de sus intereses. Recordad que no sois Steve Jobs. Sois vosotros los que os tenéis que adaptar a los demás, no los demás a vosotros.
  4. Contad historias y sed auténticos…salvo que seáis unos hooligans o penséis que nadie está a la altura de vuestras maravillosas capacidades, en cuyo caso os invito a que dejéis la autenticidad a un lado. Es importante que intentéis conectar con emociones. Habláis a personas, no a neveras. Hablad con naturalidad y con un lenguaje sencillo, sin barroquismos y sin neologismos. Os pongo un ejemplo: empiezo a pensar que la mitad de la gente a la que sigo en Linkedin debe ser de Birmingham o de Edimburgo, porque todos ellos tienen cargos que se escriben en inglés.
  5. Sed constantes, pero sin ser tampoco unos intensos. No se trata de abrumar a quien tenéis enfrente, sino de ayudarle. Y cuidado, como os decía antes, con parecer un vendedor de esos que asaltan las madrugadas televisivas vendiendo aparatos imposibles. No sois spam con piernas.
  6. Conversad. Si estáis en una red social, si es posible, charlad con quien se molesta en poneros un comentario o en haceros una pregunta. Si no, no vais a parecer una persona, sino un robot…o simplemente un maleducado.
  7. Y, por último, tiraos a la piscina, dejad el pudor en la mesita de noche, dejad de preocuparos por lo que puedan pensar los demás de vosotros y actuad en consecuencia. Los cementerios reputacionales están llenos de personas a las que «les da cosa» contar algo suyo o, peor aún, que están convencidos de que ellos «no tienen tiempo» para dedicarse a esto. ¿Seguro que no tienen tiempo de cuidar su imagen, su marca y su reputación? 🤔

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