El triple desafío de las agencias y los consultores de comunicación


02/04/2019


Con ocasión del cambio de imagen de la consultora de Asuntos Públicos Llorente y Cuenca, esta firma ha publicado un vídeo de presentación de su nueva filosofía e imagen de marca (Anticípate; LLYC) que condensa en una píldora de poco más de un minuto las claves de lo que tiene que ser a día de hoy la comunicación.

O, al menos, que acierta al entender el terreno de juego volátil e incierto en el que se discuten y transmiten hoy las relaciones públicas y las herramientas con las que hay que seguir contando para manejarse en este escenario de incertidumbres y de infoxicación informativa.

La comunicación corporativa, ya sea en el ámbito de lo público o en el de lo privado, pivota sobre el mismo eje de siempre: la gestión de la confianza en la marca mediante la construcción de relatos y narraciones que sean coherentes, atractivos y fiables. Se sigue tratando de vender un producto, sea éste cuál sea, pero de forma honesta y creíble.

Pero el cambio, disruptivo, ha ocasionado que los consultoras y quienes se encargan de las estrategias de comunicación en empresas e instituciones se enfrenten a un triple desafío.

En primer lugar, cambian los canales y soportes por donde se transmite la información y donde se desarrolla la conversación pública. Si, por poner un ejemplo simple, más de un tercio de la información que circula lo hace por whatsapp, cómo no se va a tener en cuenta este dato a la hora de trabajar en la mayoría de las estrategias de comunicación de las compañías.

No se trata de deslumbrarse por las herramientas digitales y sí de asumir su uso con la misma naturalidad, y en algunos casos entusiasmo, con las que se relacionan con ellas los ciudadanos, sobre todo las generaciones más jóvenes. El mundo se mueve en redes y es en buena parte audiovisual. ¿Cómo no van a adaptarse las consultorías a esta realidad?

En segundo lugar, ha cambiado el tono de las mismas conversaciones públicas y el lenguaje que se emplea es en líneas generales más fresco, en busca de una autenticidad que, en ocasiones, por cierto, termina siendo una ficción impostada. Todo es más líquido y volátil. Las conversaciones analógicas están en relativo desuso (pero no las historias). Nos gustará más o menos, pero es así.

Y, en tercer lugar, ha cambiado el tamaño de los desafíos en ese terreno que podríamos definir como el de las verdades aceptadas. Y no sólo porque se cuestionen algunos valores y principios que hasta ahora contaban con el consenso general, sino, sobre todo, porque nos enfrentamos al momento de la historia moderna en el que es más fácil fabricar y distribuir noticias falsas, fake news que erosionan el edificio institucional de las sociedades democráticas, socavando la confianza en los actores públicos y privados más relevantes de esas comunidades.

Los tres desafíos requieren una parada técnica para pararse a pensar en cómo enfrentarse a ellos. Y siempre con una premisa por delante: cambiarán las estrategias, más flexibles y, si se quiere, también más líquidas, pero quienes se mantendrán y crecerán serán aquellas compañías que sigan centradas en lo esencial: transmitir confianza en las marcas e intereses para quienes presten sus servicios.


P.D. Os paso por aquí la explicación del cambio de marca y planteamiento de Llorente y Cuenca.



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