Las tres ansiedades del periodismo

Pongamos en orden algunos de los desafíos del periodismo:

  1. El modelo de negocio tradicional está roto y no es fácil sustituirlo. La publicidad migra a las plataformas y los motores de búsqueda y el modelo de la suscripción sigue estando lejos de ser una opción que pueda usarse por la gran mayoría de los medios. Nos hablan de los muros de pago, pero para casi todos, el muro real es el que forman los ciudadanos que dicen defender un periodismo de calidad pero, luego, se niegan a pagar un solo euro por el periodismo. Y eso nos genera ansiedad. 
  2. Predomina la búsqueda del click fácil que nos dé visitas, aunque sean de usar y tirar, para poder acceder a las grandes bolsas de publicidad que aún van a los medios, pero a la hora de luchar en este terreno del sensacionalismo, observamos que no somos lo suficientemente competitivos. Siempre hay alguien, que no tiene porqué ser un medio digamos que tradicional, dispuesto a soltar un titular más provocativo o a ser más rápido que tú a la hora de posicionar una noticia (que no es suya) en los motores de búsqueda. Y eso nos genera aún más ansiedad.
  3. Y nos hemos dado cuenta de que las noticias falsas se han convertido en una industria igual o más lucrativa que la del periodismo. Es más barata, es más rápida y tiene un público amplio dispuesto a creerse cualquier bulo…y a pensar que lo que dicen los medios de masas es mentira.  Una paradoja que nos genera todavía más ansiedad.

Y ante estos desafíos, ¿qué?

Pues paciencia, paciencia y paciencia. De un tiempo a esta parte, es un lugar común decir que hay que apostar por un periodismo de calidad que sepa aglutinar una comunidad de lectores en torno a una marca informativa.

Y que cuando se tenga esa marca y se haya creado ese vínculo de confianza, será el momento de ir rentabilizando legítimamente esa relación, generando vías de ingresos que permitan a los medios ser negocios viables, sostenibles, independientes y fuertes: justo lo que necesitan las sociedades democráticas que quieren tener un periodismo crítico que haga de contrapeso de los poderes establecidos, etcétera, etcétera. 

Pero vamos a ser sinceros con nosotros mismos.

Trazar un plan editorial en favor de un periodismo de calidad, que sea explicativo, que aporte contexto y que informe sin histerias ni tremendismos, es relativamente fácil. Basta con tener un puñado de buenos periodistas con criterio, experiencia y una cierta solvencia.

Lo difícil es el plan de negocio. Y, sobre todo, lo complejo y lo propio de equilibristas financieros es llevarlo a cabo a la misma vez que se tienen que pagar las nóminas y los gastos generales de las empresas periodísticas y a la misma vez que los accionistas de las empresas exigen que las cuentas de resultados dejen de saldarse con pérdidas capaces de asustar al más valiente. 

Quienes llevan empresas de medios viven instalados en el corto plazo del sufrimiento de pagar los gastos y no morir en el intento. Sufren de hiperventilación. Y tienen razones para quejarse. Por mucho que les digan que deben de alejarse del día a día para trazar con perspectiva planes estratégicos de futuro para sus compañías, no pueden evitar sentir la ansiedad de cómo salvar el mes o de qué hacer para que no se hundan sus negocios. La gente, su gente, no vive de futuribles, sino de realidades. También van al supermercado y pagan hipotecas. 

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Pero no hay otra. Aquí no hay atajos. Se necesita tiempo para crear comunidades y generar confianza y se necesita aún más tiempo para afianzar nuevos modelos de negocio que sustituyan a las vías tradicionales de ingresos. En el periodismo y en cualquier otro sector donde las disrupciones se hayan llevado por delante los modos y métodos tradicionales de funcionamiento. El que lo tenga, tendrá más posibilidades de salir adelante. Y el que no, se lo tendrá que buscar…o deberá dedicarse a otra cosa. Puro darwinismo social. No hay más.

Y cuidado con caer en el pesimismo, que esto no va de hacer predicciones apocalípticas sino de hacer un ejercicio de pragmatismo que es imprescindible para abordar los problemas reales a los que se enfrenta cualquier medio que quiere sobvivir en un entorno como el nuestro. Esta realidad puede generar angustia y miedo, pero es la que hay. Y también, como han demostrado muchos nuevos medios, genera enormes oportunidades para quienes estén dispuestos a arriesgarse. Lo digo siempre y no me importa pedirme: no se trata aquí de dedicarnos al lamento, sino de adaptarse de forma constante a lo que se nos ha venido encima y de actuar en consecuencia. Es la única alternativa…para quienes tengan el tiempo y el coraje de afrontar el cambio.

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