Cómo demonios ganar dinero con el periodismo

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Salta un titular del presidente del The New York Times en el que afirma que “la gente pagará por las noticias” y, casi de repente, la entrevista publicada por El Mundo con Mark Thompson empieza a viralizarse por las redes sociales del mismo modo que se compartiría un descubrimiento científico de primer orden para erradicar alguna enfermedad maligna o la concesión de algún prestigioso galardón para algún caballero o dama de las letras o de las ciencias.

Mark Thompson, presidente de The New York Times. Foto: web de The Guardian.
Mark Thompson, presidente de The New York Times. Foto: web de The Guardian.

En la entrevista, Thompson disecciona el modelo de negocio del rotativo neoyorkino y hace predicciones muy sugerentes sobre la industria del periodismo. Y, pese a lo que pueda desprenderse del titular, no juega a ser un gurú dispuesto a certificar con toda rotundidad qué año, qué día y a qué hora desaparecerán los periódicos de papel de la superficie de la tierra.

Ofrece sus opiniones y punto. Con brillantez, sí, pero sobre todo con prudencia y sin dogmatismos. Y, sin embargo, sus declaraciones se han expandido como si el que hablara no fuera un curtido directivo de medios que sabe lo que se trae entre manos (antes la BBC y ahora el The New York Times) sino directamente un Moisés redivivo que bajara del Monte con las tablas de los Diez Mandamientos necesarios para afrontar la transformación del periodismo.

La pregunta que nos tenemos que hacer, entonces, es por qué tanta agitación en torno a sus palabras.

Es evidente que una razón objetiva es que quien traza la tendencia de por dónde irá esta industria no es precisamente un mindundi con ínfulas de Ciudadano Kane sino un señor que dirige la organización de noticias más prestigiosa del planeta, un periódico que, además, está reinventándose con éxito en esta era digital (muy interesante, por cierto, el libro de Ismael Nafría sobre esta reinvención).

Pero creo que no es la única razón. Hay otras y también de calado. Por ejemplo, que hay tanta perplejidad y tanta incertidumbre sobre los nuevos modelos de negocio que sostendrán al oficio que necesitamos personas que, desde su solvencia, sean capaces de ir más allá de los diagnósticos obvios y ofrecer soluciones que ya han sido comprobadas, como es el caso del The New York Times.

Los periodistas necesitamos una ‘garganta profunda’ como la del Watergate que sea capaz de decirnos dónde está el dinero. Y por eso, cuando llega alguien como Thompson y dice lo que dice, sus declaraciones se convierten en un asidero, en un deseo ansioso de que la profecía se cumpla y de que los lectores vuelvan a pagar por las noticias que consumen del mismo modo que lo hacían antes de que se extendiera la idea de que había que dar gratis en internet lo que se se vendía en papel.

El problema, para quienes piensan así, es que las soluciones a este problema no son universales.

El pago por noticias puede ser una buena salida para medios de referencia como The New York Times, para periódicos que aportan un valor añadido diferencial (pensemos por ejemplo en los diarios económicos como el Finantial Times) y para aquellos que sean capaces de lograr un fuerte compromiso de los lectores que termine sustanciándose en un pago por contenidos (y aquí, por poner un par de ejemplos, recuerdo los casos del francés Mediapart y, en España, de eldiario.es).

Pero nadie ha dicho que esta solución valga para todos.

Las grandes cabeceras seguirán apostando por ser las líderes globales de audiencia y lograr acceder a los grandes caladeros de la publicidad (con permiso de Google y Facebook, que amenazan con comérselo todo). Y el resto tendrá que seguir innovando, pensando menos en el dinero que les llega de la publicidad y buscando nuevos ingresos explotando el perímetro del negocio, es decir, desde la publicidad nativa a los contenidos patrocinados, la organización de eventos y todo aquello que se les pueda pasar por la imaginación para hacer dinero gracias a la confianza y la credibilidad que despiertan sus marcas informativas.

Ya lo dije en otro artículo: no hay recetas mágicas ni atajos en forma de muros de pago. Cada medio tendrá que buscar el modelo que le conviene y mimar a su comunidad de lectores. Y aun así, tampoco tendrán nada garantizado.

El negocio del periodismo se ha instalado en la incertidumbre. Y no va a salir de ahí en mucho tiempo. Toca acostumbrarse y aceptar la necesidad de cambio como una constante vital que nos acompañará durante unas cuantas generaciones de periodistas. No hay otra.

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