Podemos y sus problemas con el periodismo

Pablo Iglesias. Podemos. Foto: web de El País.

La Asociación de la Prensa de Madrid ha recibido una petición de amparo de un grupo de periodistas por el supuesto acoso y presión que sufren a manos de altos cargos de Podemos. Y en vista de las pruebas documentales aportadas por estos compañeros, ha emitido una nota pública en la que exige a este partido político “que deje de una vez por todas la campaña sistematizada de acoso personal y en redes que viene llevando a cabo contra profesionales de distintos medios, a los que amedrenta y amenaza cuando está en desacuerdo con sus informaciones”.

En primer lugar, no parece recomendable lanzar una acusación tan grave sin aportar las pruebas que confirmen las denuncias. Si hay periodistas que se sienten amedrentados, desde mi punto de vista deberían de decirlo públicamente. Con sus nombres y apellidos (no sería la primera vez: ya hemos visto casos de periodistas que han tenido que defenderse de ataques lamentables) y cuanto antes. Y si tienen miedo o prefieren no dar sus nombres porque no quieren ser protagonistas de nada, que salga la APM y el resto de asociaciones de prensa y que demuestre lo que está diciendo, pero con pruebas y testimonios. Podemos, como cualquiera, tiene derecho a saber exactamente de qué se le acusa y quién le acusa. Es elemental.

En segundo lugar, que no se nos olvide que la presión de políticos y medios (y también en ocasiones en sentido contrario) es consustancial al ejercicio del periodismo político y no entiende de siglas ni de ideologías. Puede ocurrir en cualquier parte y afectarle a cualquiera. También al PP, al PSOE, a Ciudadanos y al último de los grupúsculos políticos que conozcamos. Y también puede ocurrir con la Banca, con las grandes empresas y con otras instituciones con mayor o menor fuerza. Es ley de vida y hay que saber en qué territorio nos movemos. Las presiones a los periodistas no son patrimonio de Podemos. Así que, por favor, no nos caigamos de un guindo ni tampoco en visiones maniqueas.

Otra cuestión es el nivel al que lleva Podemos sus presiones y la concepción que tiene Podemos de los periodistas y en general del periodismo, más propia de regímenes populistas semitotalitarios que de democracias avanzadas de corte occidental.

Muchos dirigentes de esta formación, empezando por Pablo Iglesias, han demostrado en su trayectoria un gran desprecio por la mayor parte del trabajo periodístico de este país y se han encargado de calificar cualquier crítica a su labor como un ataque de periodistas lacayos y miedosos que están las 24 horas del día al servicio de una malvada oligarquía de intereses políticos y empresariales cuya única labor es fastidiar a Podemos por ser quien de verdad representa al pueblo.

No hay que bucear en hemerotecas ni navegar mucho por Google para saber lo que piensa Pablo Iglesias de los periodistas. Sólo soporta a los que él considera que están de su lado, del lado de la verdad, y encima hasta se molesta con aquellos de los suyos que, en un momento dado, osan discrepar.

A los demás, que son mayoría, no los puede ni ver, los detesta. Y ya sabemos qué es lo que haría con los medios de comunicación privados. Así que tampoco puede sorprender que los ataque o que mande a sus terminales en las redes sociales a vociferar contra los periodistas. Total, si lo hicieron el día de la Nochebuena con Íñigo Errejón, que es uno de los suyos, ¿por qué no lo van a hacer con un periodista que por su condición de informador pasa a ser de inmediato un enemigo del pueblo que no merece ni el beneficio de la duda?

 

 

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