¿Preferimos los virales al buen periodismo? (el caso de Publimetro Colombia)

La viralidad en el periodismo. Foto: pixabay.com

He leído un tuit del periodista Nacho Requena en el que cuenta la respuesta que le dio en twitter el periódico Publimetro Colombia a una lectora que ironizaba sobre una información ligera y viral que había publicado este diario y se reía de la supuesta importancia de dicha noticia.

La pregunta y la respuesta de este tuit encierran unas cuantas claves de lo que le está pasando al periodismo en la era de los mensajes relampagueantes y de los memes, los vídeos y los artículos virales que se consumen como la comida rápida de las hamburgueserías.

Es cierto, y eso lo ve cualquiera que se asome a los portales de los medios de referencia de casi todos los países, que un buen número de periódicos ha apostado por la viralidad (y también por la ordinariez y el punto entre freaky y tabernario) para lograr los clicks que necesita para sobrevivir en un mercado que sigue pivotando sobre un modelo de negocio basado en la publicidad que llega a las audiencias generalistas.

La viralidad que está matando a la calidad

Y, en consecuencia, los periodistas terminamos quejándonos con excesiva frecuencia de que la viralidad esta matando a la calidad. Pero igual habría que poner en contexto una queja que tiene algo de razón, pero que también empieza a sonar más a juicio preconcebido y a tópico que a cualquier otra cosa.

En primer lugar, porque no se trata de un fenómeno nuevo. Siempre han enganchado más aquellos contenidos ligados al espectáculo y el entretenimiento que a la reflexión y el análisis y, en muchas ocasiones, han financiado las partes más serias de los medios de comunicación.

Y en segundo lugar, porque no parece precisamente riguroso contraponer la información seria con la viral como si la primera fuese algo que por su naturaleza tuviese que ser aburrida, tediosa o farragosa como la lectura de los boletines oficiales del Estado y que, por tanto, no le llega a los lectores ni les engancha.

El buen periodismo no tiene que ser ni plomizo, ni plúmbeo ni cargante (eso, en todo caso, es periodismo cenizo).

No tiene que ser entretenido por decreto, pero, en líneas generales, es aquel que atrapa al lector con una buena historia, conecta con sus emociones sin apelar a sus sentimientos más primarios y desvela informaciones que ayudan a la sociedad en la que vive a ser mejor.

Y ese tipo de periodismo de calidad también puede financiar las cuentas de los medios de comunicación, sobre todo si queremos tener lectores que prefieran el periodismo a los virales.

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