Zuckerberg y los problemas del mayor periódico de la historia: el ‘Facebook Times’

Marck Zuckerberg. Fuente: SiliconBeat

Facebook está reventando de éxito. En su carrera impetuosa con Google por ver quién de los dos se convierte en el Gran Hermano global que controlará internet ha mostrado sus poderes. Uno de cada cuatro habitantes del planeta tierra tiene abierta una cuenta en la red social y se entretiene, cotillea o se informa en la plataforma de Palo Alto. Facebook gana muchísimo dinero con ellos y quiere más. Pero antes, va a tener que solucionar un par de problemas. Uno grave y el otro gravísimo.

El problema grave es que en los últimos cuatro meses, Facebook ha tenido que reconocer que ha cometido hasta cuatro errores a la hora de medir las métricas de sus anuncios publicitarios. Ha inflado los resultados de visitas como si hubieran engordado las visualizaciones con productos que jamás pasarían un control antidoping de audiencias y  los han pillado. Imaginaos cómo les puede sentar esta catarata de errores a los anunciantes.

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Ilustración. The Valley Report

Y el problema gravísimo es que los muros de facebook se han llenado de trolls y no tan trolls que han descubierto el inmenso negocio que supone publicar noticias falsas en la red social más visitada del mundo.

En un primer momento, Zuckerberg restaba importancia a estos problemas y subrayaba, en una peculiar versión del “a mí que me registren”,  que Facebook no era ningún medio, sino que se limitaba a poner la plataforma para que los demás distribuyeran allí sus contenidos, como si Facebook fuera la autopista por donde circulaban los coches de las noticias y poco más.

Pero la fuerza de los hechos le está obligando a rectificar y a reconocer que sí, que Facebook sí es un medio. Para ser exactos, es el mayor medio de la historia del planeta, una especie de ‘Facebook Times, un lugar al que acuden a día de hoy decenas y decenas de millones de ciudadanos a informarse de lo que ocurre en su entorno más cercano. Y esa condición obliga a Zuckerberg a reconocer su responsabilidad y adoptar decisiones para evitar lo que más le puede doler a un medio, por muy grande y poderoso que sea: que pierda la credibilidad.

Si Facebook engorda sus métricas y convierte en territorio abonado a los farsantes, los freakies y los trileros de medio pelo, no tardará entonces el día en el que esta máquina de hacer dinero se gripe porque los mismos consumidores que son devotos de esta red social se trasladen en masa a otra red social en la que empiecen a confiar más. Ha pasado en otras ocasiones y puede volver a ocurrir. Y ese día, a nadie le importará que Facebook publique noticias falsas o que infle sus anuncios, pero porque se habrán olvidado hasta de la contraseña con la que entran en la red de los likes.

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