Honestos contra malvados: la última gresca de los periodistas

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Dos grandes medios de España, El País y El Mundo, titulan del mismo modo sus ediciones de papel el día posterior al fracaso en la investidura de Rajoy como presidente del Gobierno y las redes sociales se inundan de artículos y comentarios, hasta de algunos de sus periodistas de esos medios, dejando caer que es la demostración irrefutable de que el periodismo de este país ha sido tomado por los corruptos y los dueños de las empresas del ÍBEX 35, que para el caso deben ser más o menos lo mismo.

Portadas de El País y El Mundo. Fuente: lamarea.com

Una cadena de radio como la SER prescinde de cuatro de sus tertulianos y los comentarios se centran en cómo los bancos y otras instituciones del lado más oscuro del poder se han confabulado con el Darth Vader de los editores españoles, Juan Luis Cebrián, para apagar las voces discordantes con la ‘gran coalición’/abstención que defiende Prisa, grupo que, a su vez,  se ha enzarzado en una guerra con La Sexta y ha pasado de editar el diario independiente de la mañana a la categoría de brazo ejecutor de las brigadas del capitalismo malvado tras su conversión a las fuerzas del mal.

Sobra tremendismo

Ambas acusaciones pueden ser discutibles, pero sobra algo de tremendismo en el debate acerca de las nuevas líneas editoriales de nuestros medios.

El periodismo en España está atrapado en un bucle tóxico.

Sufrimos una doble crisis, económica y de adaptación al modelo digital, que ha derivado en una  crisis de confianza que ha aumentado la debilidad de los propios medios. Y esa debilidad ha traído como consecuencia la precariedad entre cientos y cientos de periodistas que han terminado por marcarse como prioridad seguir pagando las hipotecas de sus casas y los colegios de sus hijos y la polarización de muchos medios, cada día más alineados ideológicamente para fidelizar a sus lectores, recibir publicidad o para ambas cosas.

Ahora bien, el que éste pueda ser el diagnóstico de lo que estamos viviendo, que no lo niego,  no puede llevarnos a hacer una enmienda a la totalidad de todo lo que se hace en los periódicos o emisoras de mayor audiencia ni a ponernos en plan maniqueo a distinguir entre los medios malos, que se ponen a las órdenes de los ejércitos de Lucifer, y los buenos, inmaculados e impolutos que nos defienden del mal y que son poseedores casi en exclusiva de las banderas de la libertad, de la rigurosidad y de la honestidad.

Como en tantas cosas de la vida, en el debate sobre la independencia de los medios también hay matices. Y lo mismo que se puede denunciar el estado comatoso de la prensa tradicional, también hay que asumir que dos periódicos pueden titular un día de la misma manera sin que eso signifique que estan rendidos al Leviatán financiero o que una emisora de radio puede cambiar a algunos de sus colaboradores  sin que eso implique que haya violado la libertad de expresión de esos periodistas, cuya solvencia, por cierto, está más que constrastada.

Necesitamos compromiso

Y una cosa más, si queremos medios fuertes y creíbles, aparte de clamar contra los malvados, sean quienes sean, igual conviene pensar más en comprometernos en favor de una prensa más libre. Y no sólo poniéndonos un avatar solidario en facebook o vociferando en twitter contra los poderes fácticos. Igual lo que hay que hacer es pagar más o simplemente pagar algo por las noticias que consumimos. E igual entonces, y sólo entonces, tendremos esos medios que tanto deseamos.

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