Los periódicos ‘exploradores’ y el contrato de confianza

Leo en twitter que Pablo Iglesias estará en el facebook de El País Opinión. De inmediato, accedo a los muros creados por Zuckerberg y veo en directo cómo el jefe de opinión de este periódico, José Ignacio Torreblanca, traslada las preguntas que han dejado los lectores al líder de Podemos. En ningún momento he accedido a las páginas ‘oficiales’ de El País, pero en todo este tiempo, he estado consumiendo información y opinión dentro de este diario.

El ejemplo es muy gráfico de lo que le está sucediendo a quienes se están tomando en serio la adaptación al nuevo entorno. Más allá de la agonía de un modelo que se derrumba, hay una realidad que está derribando las puertas tradicionales a patadas: los periódicos exploradores están buscándose de nuevo la confianza de los ciudadanos allí donde estan, en las redes.   

Así, no se preocupan por defender un soporte como si fueran los caballeros que defienden un Santo Grial de papel, sino que se afanan por estar en todos los soportes donde haya lectores dispuestos a mantener ese contrato de confianza con su marca, esa relación de fiabilidad y credibilidad que ha sido siempre la base de este negocio.

El resultado son periódicos híbridos y flexibles que trascienden la concepción tradicional para convertirse en mutantes informativos que, según donde se consuman, adquieren indistintamente la apariencia de diarios de papel, de portales web, de cadenas de televisión, de emisoras de radio…y de redes sociales. Lo de menos es el continente, lo importante es el contenido.

En ellos, los periodistas ya no sólo escriben y se pelean por un lugar en los planillos y en las escaletas. También se han acostumbrado a hacer vídeos, cuelgan enlaces en sus redes, se preocupan por la conversación con sus lectores y se preguntan para qué les servirá periscope y qué demonios será eso del snatchap.

Es verdad que en los periódicos exploradores también se adoptan determinadas modas como si se abrazaran vellocinos de oro a los que se adora sin reflexión alguna, ya sea el periodismo inmersivo o el periodismo de datos, que no deja de ser el mismo periodismo de siempre, pero con herramientas infinitamente más poderosas y accesibles.

Pero, en líneas generales, la mayor parte de los nuevos recursos empleados suman en la misma idea, en la de expandir la marca y acercarla a los lectores, ahora reconvertidos en espectadores que participan en las conversaciones de sus marcas de confianza.

Algunos grupos de comunicación observan esta transformación con un punto de conservadurismo rancio que debería de preocuparles. Van detrás de los periódicos exploradores y esperan que los alumbren antes de tomar cualquier decisión de cambio. Están en su derecho, pero no parece que sea una actitud muy lógica en un mundo en el que lo importante es ser capaz de adaptarse a los cambios en tiempo real. ¿A qué esperan para moverse? ¿A que haya una explosión nuclear?

En fin. Allá ellos. La realidad es que, en términos de modelo de negocio, la estrategia de los exploradores se antoja acertada, aunque sólo sea porque se atisban pocas alternativas más allá de que alguien crea desde la ingenuidad más suicida que el futuro de los periódicos está en la recuperación de los pergaminos como herramienta masiva de comunicación.

Pronto, muy pronto, sabremos quién tiene más razón.

 

P.D. Merece la pena ver esta entrevista a Gumersindo Lafuente. Ayuda a comprender lo que está pasando.

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