The Guardian: un gran éxito editorial…y una máquina perfecta de perder dinero

The Guardian es el dios del periodismo en abierto, el becerro de oro al que todos los conversos del digital en las redes hemos adorado hasta extremos casi fanáticos y desterrando cualquier aproximación crítica a su modelo de negocio.

Los artículos laudatorios hacia su estrategia de transformación han colapsado Google y el resto de los motores de búsqueda. las referencias y reverencias hacia  Alan Rudsbridger han convertido a quien ha sido su director durante veinte años en el gran profeta del cambio.

Rusbridger es el Moisés que tuvo la visión de convertir un periódico de papel para ingleses con el alma a la izquierda en una de las principales plataformas periodísticas del mundo, uno de los pilares más prestigiosos de la industria globalizada de la información.

La realidad detrás del ‘paraíso’

The Guardian anuncia ahora 250 despidos, cien de ellos de periodistas de periodistas que trabajan en el Reino Unido, y avisa de que dejará de cubrir otros 60 puestos de redactores que estaban vacantes. El objetivo: dejar de ser una máquina perfecta…de perder dinero.

El anuncio sorprenderá a quien sólo ha escuchado el sonido de las arpas y los violines cada vez que Allan Rusbridger entonaba la melodía de las bondades de su proyecto, gratuito y abierto, pero no a quienes se hayan asomado alguna vez a los gráficos de evolución de pérdidas e ingresos del periódico. 

The Guardian ya llevaba mucho tiempo martilleando las cuentas de resultados de sus accionistas con pérdidas que en cualquier otro lugar hubieran catapultado a sus directivos a la jubilación anticipada.

Le ha salvado, hasta ahora, que The Guardian pertenece a una fundación, la Scott Trust, que se dedica a salvaguardar la integridad del diario gracias a los ingresos que logra con su compañía de anuncios clasificados de coches, Auto trader.

Foto de la web de The Guardian.
Foto de la web de The Guardian.

¿Qué ha cambiado, entonces, para que ahora se haya cerrado el maná de la fundación/mecenas que patrocinaba The Guardian?

Pues una conjunción de tres factores, dos de ellos explicados por la propia directora actual del medio, Katherine Viner:

 

 

  1.  El periódico se ha centrado en el digital y ahora resulta que una parte importante de los ingresos publicitarios del mercado digital se los llevan Google y Facebook, quienes van camino de convertir la industria en un duopolio de tintes orwellianos.
  2. Los operadores de telefonía móvil, con sus recursos financieros en perfecto estado de revista,se han embarcado en el negocio de los contenidos, aumentando la competencia a niveles insoportables.
  3. Los propietarios del fondo, por muy mecenas que se sientan de la integridad del periódico, se han cansado de perder dinero y quieren parar el desparrame de pérdidas mediante la reducción drástica de los costes.

Conclusiones

Primera conclusión. The Guardian ha logrado ser un ejemplo de éxito en la transformación de un modelo de contenidos centrado en un periódico de papel  inglés a uno que pivota sobre una gran marca periodística en la red que ha sido capaz de extender su ámbito de influencia a Estados Unidos y el resto de países de habla inglesa. Pero no ha demostrado que sea capaz de convertir este modelo en un negocio.  

Segunda conclusión: la fiesta del The Guardian se ha acabado. Si quieren ver cómo tiene éxito un proceso de transformación digital de un medio, habrá que mirar al The Washington Post, inmerso en un proceso de cambio financiado con el dinero personal de Jeff Bezos, el dueño de Amazon. Los dueños de The Guardian se han cansado de esperar. Bezos sigue experimentando.

Y tercera y última conclusión. Eso no significa que haya fracasado. Si The Guardian se hubiera quedado como estaba, tal vez ahora estaría pensando en cerrar su edición de papel  y hubiera terminado entonando la marcha más fúnebre del sector. Mirad estos días los casos del The independent y del Diario Económico de Portugal.

Sin embargo, hoy en día, la marca del The Guardian es una de las más valiosas del orbe mediático. The Guardian equivale a prestigio, equivale a calidad. Y eso tiene un precio.

Su estrategia de ‘cuanta más audiencia, mejor’ le ha colocado en una posición de preeminencia y ahora toca pasar a una fase inevitable, la de cómo hacer para ganar de una vez por todas el dinero suficiente para preservar un modelo que ha dado algunas de las mejores páginas de periodismo que hemos podido ver en los últimos veinte años.

 

 

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